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26 de marzo de 2019 26/03/19

Opinión

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Bielsa está en la calle


  • 11 de octubre
    de 2012
  • José Miguélez

El Athletic no se cansa de hacerse daño. Un día tras otro, sin descanso, en un extraño e incomprensible proceso de autodestrucción desatado justo después de haber alcanzado la máxima felicidad en el inolvidable curso de las dos finales. Lo último (al cierre de este artículo) ha sido el sucio incidente de la grabación y filtración, de su entrega por fascículos, de la charla a sus jugadores con la que Marcelo Bielsa cerró la temporada pasada en los vestuarios de Lezama, cuya intimidad se daba por descontada. Un episodio que delata a una plantilla sin moral (a los autores de la captura y a los que se volvieron cómplices con su pasividad y silencio), que evidencia la falta de control que de la misma tiene su entrenador, al que le han perdido el respeto, y que retrata la fragilidad e incapacidad de una directiva superada que no sabe mantener el orden, tapar los agujeros ni proteger al club (la vacía intervención del presidente Urrutia lo confirma). El suceso en sí no tiene mucho recorrido ni debate: es una indecencia. Está mal y punto.

Pero una vez ha trascendido indebidamente lo que allí ocurrió, es imposible no detenerse en su contenido. Para empezar, desmonta algunas teorías que construyó entonces el periodismo para culpar directamente a Bielsa de los repentinos deseos de fuga de Fernando Llorente y Javi Martínez. Su presunto e intolerable ataque a esos dos futbolistas en la reunión ahora destapada fue la gota que colmó el vaso, dijo esa prensa desinformada y afín a los jugadores, para explicar las irresistibles ganas de ambos por abandonar el barco. Pero ese episodio no ocurrió como lo contaron. Ni la bronca fue desproporcionada ni aludió directamente a Llorente y Javi Martínez. Lejos de eso, los únicos señalados fueron los jugadores que reconoce como más afines a su sensibilidad: Amorebieta, De Marcos, Susaeta y Muniain. Salvo que fueran Llorente y Martínez los que se reían.

Que hay un interés por desacreditar a Bielsa es algo que a estas alturas no aguanta discusión. El propio entrenador ha contribuido con algunos episodios a ese proceso (su agresión al jefe de obras, por ejemplo). Pero el técnico está saliendo reforzado de su propio linchamiento. Especialmente en la calle. Cuanto más le disparan mayor es la veneración que le profesan en Bilbao. También esta vez. Desde la perspectiva del hincha resulta imposible no emocionarse con la palabras que pronunció el entrenador a sus jugadores. No se puede resumir mejor lo que da verdadero sentido al fútbol, esos aficionados por los que muestra tanto respeto. El discurso, que podría sonar a populista y demagogo si se pronunciara en público, adquiere precisamente todo su valor por su intención privada. Una charla impecable que no debió salir a la luz, pero que ahora, una vez desvelada, tendría que estudiarse sílaba a sílaba en las escuelas de fútbol y en la universidad. Pese a la contaminación actual del negocio y la vanidad, el fútbol sigue siendo de la gente, del pueblo. De hecho sólo por no fallar a esa gente, por gratitud ante el aliento incondicional en las finales, Bielsa se quedó un año más en el Athletic pese a las inmensas dudas que entonces ya tenía con respecto al club y las posibilidades de la plantilla. La calle es su mayor conquista.

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