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17 de septiembre de 2019 17/09/19

Opinión

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Yeray y sus espartanos


  • 07 de julio
    de 2017
  • Iñaki Cano

Reconozco que estoy muy ‘blandito’ y muy emocional desde el pasado 15 de enero. Cualquier momento de apoyo o cariño, me ablanda el corazón y lloro con facilidad por la emoción que me transmita el momento. Cuando uno ha estado más allá que acá y ve como la gente ha respaldado a tu familia en esos momentos tan duros, te vuelves sensible. Mucho más sensible. Te emocionas con facilidad o eso me pasa al menos a mi.

Una vez superado los primeros momentos del gran ‘susto’ comienzas a darle importancia a lo que de verdad se lo merece. Aprecias gestos que antes casi ni apreciabas porque pensabas que eso era lo normal. Ahora me preocupo por aquellos que están mal de verdad y no por si llevo una camisa elegante y bonita. Busco hacer feliz a los que me rodean sin enfadarme o molestarme por tonterías que antes me parecían un “mundo”. Desde que estuve cerca del otro lado, aprecio un abrazo y un beso como si fueran millones de euros que me supuestamente me podría dar la felicidad a mí y a los míos.

Todo lo anterior viene a cuenta porque lo que le ha hecho la plantilla del Athletic Club a Yeray es el mejor homenaje que se le podía hacer. Es una demostración de auténtica y sincera amistad. Compañerismo de verdad y no de ‘boquilla’. Es una exhibición de corazón. De un corazón inmenso. Inabarcable si se les saliera del pecho. La suerte de Yeray es la de tener esos compañeros que le respetan, le quieren y que van a pelear junto a él cada día: “Qué sepas que no estás sólo en esta lucha”.

Y con las palabras de Markel Susaeta, mi corazón se ha puesto a llorar emocionado por el gesto de unos amigos que sin poder recibir la quimio o la radioterapia por Yeray, si se lo pidieran, tomarían las sesiones por el compañero enfermo. He llorado porque he recordado como mis amigos me bombeaban sangre a mis arterias. Me he imaginado a los jugadores del Athletic rapándose la cabeza los unos a los otros y dándole a su vez, la fuerza necesaria que precisa Yeray para salir adelante.

Ni él, ni los compañeros ni quienes hemos visto el vídeo, podremos olvidar el momento en el que Yeray entra silbando en el vestuario y se le atraganta el aíe por la sorpresa que le dan sus compañeros de batalla. Esas cosas son las que te hacen creer que no todo está perdido en este mundo con aliados como ellos, que ya le habían dado ánimos y que con la cabeza despejada, le han demostrado que en esta lucha contra el cáncer están todos unidos. Codo con codo. Espalda con espalda y cabeza rapada con cabeza rapada. Estos compañeros de Yeray son auténticos espartanos dispuestos a dejarse la piel y el pelo por su compañero: “¡Auuuuuuuggggg, auuuugggg!”.

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