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22 de agosto de 2018 22/08/18

Opinión

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Ya no me duele pero lo (a)noto


  • 17 de diciembre
    de 2010
  • Antoni Daimiel

El Atlético de Madrid se come el turrón sin competición europea. No me turba. Desde que soy mayor de edad, elminaciones así se han convertido en hábitos. No hay dolor sin herida ni herida sin decepción. El Atleti ya no me camela, me enseñó a no aspirar, a no esperar, es mi equipo pero ya no me mata. Ni sabe ni puede, ni sufro, ni lloro. Ahora que nadie quiere a nadie, ahora que se acabó el querer, cómo voy yo a desvivirme por el Atleti con el pago que me da. Paso pero no tolero. He aprendido a esquivar secuelas. De poco sirve buscar causas o razones porque deben ser las mismas de siempre. Las informaciones al respecto de su sinuoso camino siempre son confusas. El pupismo, la autodestrucción, el gafe y el victimismo son distracciones construidas para tal misión, mcguffins, elementos de disuasión, liebres eléctricas de canódromo. A Julian Assange le preguntas que te cuente del Atleti y prefiere coger el primer vuelo que salga hacia Washington.

La Europa League ya prestó su servicio y esta eliminación no es más que un fado lacrimógeno. Esta copa es la amiga fea que nos presentó a una top model como la Supercopa de Europa. Yo soy de un equipo que ganó la Copa Intercontinental sin ganar la Copa de Europa y conquistó la Supercopa de Europa tras ganar una Europa League en la que sólo metió dos goles más de los que encajó. El pragmatismo tacticista de Quique Sánchez Flores resultó entonces fundamental para la hazaña. La pizarra y las obras divinas de Agüero fueron pulseras de todo incluido que se rompen por el uso.

Repaso jugadores y entrenadores que han pasado por el Atlético de Madrid durante los últimos veinte años. La mayoría ha sido mejor antes o después de su paso por el club del Manzanares. La x de la ecuación está en otro sitio y las últimas operaciones o pistas para despejarla son estremecedoras. Este es un club al que se exige jugar Champions League pero que le ha cogido el gusto a gestionar el futuro de sus mejores jugadores según dos alternativas posibles: o los renueva bajándoles la cláusula de rescisión o los vende. Quizás no sean opciones tan distantes entre sí. Las salidas de Heitinga, Jurado, Maxi y Simao serían inaceptables e intolerables en cualquier otro club de similares aspiraciones teniendo en cuenta el momento de las operaciones y la calidad o ausencia de sus sustitutos.

No hay que darle muchas vueltas, el Atlético es un náufrago que se muere de sed año sí, año también. Desistan los inquietos e inconformes, nada se puede hacer. Si has hecho todo lo que has podido, no te puedes quejar, y si no has hecho todo lo que has podido, tampoco. Y casi mejor porque como dicen por ahí: “Por lo bueno que vivimos no te acerques demasiado, mis hormonas y deseos no son tan civilizados”.

El otro día escuché una versión del tema de Serrat “Disculpe el señor” y también pensé en el Atlético de Madrid. Ay, si viniera un jeque de esos… Y aunque fuera de Qatar.

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