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13 de diciembre de 2019 13/12/19

Opinión

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Y en la portería… Jesús Rollán


  • 03 de agosto
    de 2013
  • Javier Coloma

Laura Ester

Más de un millón de personas en España vieron el partido que enfrentaba a la selección femenina de waterpolo en la final del Mundial de Barcelona. Un hecho histórico si atendemos a las cifras convencionales de este deporte y sabiendo que, en otra cadena de televisión, se producía el evento interplanetario de conectar por primera vez los talentos de Neymar y Messi.

Ese desafío español al deporte rey tuvo el premio en la piscina. España ganó merecidamente, con comodidad y envuelta en un halo espiritual como hacía tiempo que no vivíamos, narcotizados por el fútbol. España ganó gracias a dos figuras que el español medio desconocía hasta el día de ayer. Una es la mejor jugadora del campeonato, Jennifer Pareja; la otra, la mejor portera, Laura Ester.

Más allá del envoltorio físico, esta final se vivió de manera especial gracias al anclaje que produce a veces el peso de la historia. El evento y el escenario, la piscina Picornell, nos dejó el imborrable recuerdo de Barcelona 92 pero también se llevó algunos enseres: una medalla de oro -que nos quitó Italia- y la figura de Jesús Rollán, que emergió en aquella piscina y que se perdió de manera trágica en 2006 víctima de una depresión.

Y ayer se ganó, precisamente, desde el recuerdo imborrable que deja una deuda sin saldar. Se ganó con la cabeza de Miki Oca. El ahora entrenador de la selección femenina fue entonces uno de los hombres del campeonato que se disputó en esa misma piscina. Suyo fue un lanzamiento al poste en la tercera prórroga que le habría dado el oro a España. Jennifer Pareja, capitana del equipo, se ha empapado de toda la sabiduría que los años han ido dejando en su entrenador.

El otro elemento presente fue el espíritu de Jesús Rollán, encarnado en la figura de su homónima en la portería, Laura Ester. Rollán fue la cara más amable de aquella noche del 92, un rostro henchido de rabia en cada balón detenido que levantó a los españoles de las hamacas de sus apartamentos. A medida que la figura de Laura cobraba protagonismo en la piscina, el recuerdo de Rollán se fue haciendo cada vez más evidente. Su presencia espiritual fue un guiño a los creyentes y un desafío a los agnósticos. El nihilismo no tiene cabida aquí, no en un partido tan lleno de simbolismos. El que no creyó ayer no creerá nunca.

El desenlace era propicio para el recuerdo, para recuperar sensaciones parecidas a las vividas en Barcelona 92 para una generación como la mía, que entonces descosía balones en un patio de colegio. Entonces admirábamos a gente como Rafa Pascual o Jordi Villacampa, que nunca fueron campeones del mundo. Descubríamos ídolos emergentes como Fermín Cacho. Disfrutábamos posteriormente con la fugacidad de Yago Lamela y Juan Carlos Ferrero, y recordamos la intermitencia de Pedro Delgado o la precariedad de Poli Díaz. Eran personajes arrebatadoramente imperfectos, irremediablemente humanos y perfectamente incompletos.

Hoy adoramos a deportistas que son posters de cartón. Campeones de todo, asquerosamente imperturbables, rematadamente buenos y generalmente guapos. Rafa Nadal, Pau Gasol, Fernando Alonso… para llenar una portada sin ser futbolista se ha de ser algo sobrenatural, nieve en el Sahara.

Pero ayer 13 chicas fueron capaz de cambiar la tendencia. Lo hicieron con la ayuda de Rollán y Oca disfrazados de Vincent Vega y Jules Winnfield. La gente en Twitter estaba volcada con ellas mientras, a poca distancia, Messi y Neymar hacían gárgaras entre bambalinas para presentarse al mundo juntos. Un acontecimiento planetario ensombrecido por unas pocas deportistas, casi anónimas, que llaman a todos sus amigos cuando les hacen una entrevista para la tele. Su victoria coincide además con el oportuno verano, las vacaciones en los colegios y la aglomeración de las piscinas. Quizá mañana los padres lean en los periódicos los ocho goles del Barcelona al Santos mientras sus hijas, en las piscinas, recuperen el espíritu del 92 y jueguen a ser Jennifer Pareja, Laura Ester o Anna Aspar.

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