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4 de julio de 2020 4/07/20

Opinión

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Un sueño compartido


  • 21 de septiembre
    de 2018
  • Rubén Parra

El sábado 22 de septiembre, comienza en Tenerife, el Mundial femenino de baloncesto. Se juega en casa y nos representa una selección que, en las últimas cinco competiciones internacionales, nos ha regalado dos oros y un bronce europeos, una plata olímpica y otra mundial. Llamadme loco, pero creo que merecen que las hagamos algo de caso.

En los últimos ciclos deportivos, tomando como referencia los Juegos Olímpicos, el crecimiento de la mujer en el deporte es un hecho incontestable. Es innegable que muchas de nuestras alegrías se escriben en femenino.

Carolina Marín, Mireia Belmonte, Garbiñe Muguruza, Lydia Valentín, “las Guerreras” (de la pista o la piscina)… Entre ellas, cada año por estas fechas, siempre aparecen Alba Torrens, Laia Palau, Marta Xargay, Anna Cruz y el resto de las chicas que entrena Lucas Mondelo.

Creo que somos la segunda mejor selección del mundo, solo por detrás de las estadounidenses, a priori intocables. Nos pueden ganar otras. Australia, Bélgica, Francia, incluso Japón si tiene el día tonto con los triples. Pero no son mejores que las nuestras.

Tenemos a Alba, el talento exterior más brutal del viejo continente desde Amaya Valdemoro. Una coordinación inusual para su tamaño, bote, penetración, tiro. Una genio del deporte de la canasta, que nos regala puntos a mansalva, día sí y día también. Solo espero que el físico le acompañe. Si está sana, es una garantía.

A la “capi” Palau, mando en plaza, que ve esto como pocas y se mantiene en una forma envidiable. En ocasiones, me hace pensar si, en vez de mi quinta, no será de la del 89.
Xargay, que crece y crece. Ante la ausencia de Torrens en la mayor parte de la preparación, ha dado un paso adelante, asumiendo la condición de la estrella que ya es. Laura Nicholls, que personifica la imagen suprema de lo que es una jugadora profesional. Siempre he dicho que me recuerda a Felipe Reyes… y eso es mucho. Se entrega al 1000 por 100 y cada año, nos sorprende con movimientos nuevos que denotan el trabajo incansable que hay detrás, la búsqueda incesante de la mejora.

También está Anna Cruz, o la creencia en que la canasta imposible no existe. Que se lo digan a Turquía o Montenegro… Puedo seguir, con la velocidad extrema de Silvia “Speedy” Domínguez, que dirige a ritmo de vértigo, pero siempre con cabeza; o Bea Sánchez, que igual te pone una chapa, que te enchufa un triple desde Maspalomas. Qué decir de Laura Gil, la niña medalla, otra gladiadora que se tira a por cada balón suelto, con o sin máscara, como si su último aliento dependiera de ello.

Y las tres que no estuvieron en el pasado europeo: Queralt Casas, velocidad y determinación, Belén Arrojo, una de las aleros del futuro y Cristina Ouviña, que ha tirado la puerta abajo, para volver tras años de ausencia.

No me quiero olvidar de las dos últimas que se han quedado fuera. Leonor Rodríguez, una fija en las últimas convocatorias, que se pierde el mundial en su casa; o María Conde, mi jugadora joven favorita. A buen seguro, no ha debido ser fácil para Mondelo, porque también merecerían disputar esta copa del mundo.

Me he dejado para el final a Astou Ndour. Por dos motivos, primero porque vuelve a “comerse el marrón” de sustituir a Sancho Lyttle (algo que ya hizo, y con nota, en los JJOO de Río), la jugadora más determinante en la última década para nuestro baloncesto. Y segundo, porque pese a su juventud, demuestra unos arrestos de categoría excelsa: “Este año podemos ganarlas”, soltó en una visita al diario El País, en referencia a las americanas. Ole tus ovarios.

Pues no sé si podremos o no, yo lo veo complicado. Pero si alguien puede, son estas 12 mujeres comandadas por Mondelo. Un hombre al que creo capaz de cualquier cosa. Puede que algún día, incluso, consiga que su patito, sea un caballo de carreras.

El cuadro no favorece (si pasamos primeras de grupo, nos cruzamos con Estados Unidos en semifinales), pero con todo, creo que ganaremos medalla. Sí estoy seguro de una cosa: se dejarán el alma en la pista, no quedará una gota de sudor por derramar y darán espectáculo, porque estas chicas, no saben hacerlo de otra forma.

Así que, si tenéis tiempo, del 22 al 30 de septiembre, dedicadle un ratito a este grupo de deportistas. Ya sé que no juegan al fútbol, que no son Messi, Cristiano, Neymar o Griezmann. Ellas nunca pedirán sentarse en la mesa de nadie, aunque merezcan por derecho acudir al mayor de los convites. Ese es mi sueño, que las veáis y las disfrutéis como yo. Espero que sea, un sueño compartido.

(Foto: Alberto Nevado / FEB)

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