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Un Sevilla diseñado para otra cosa

El Sevilla estaba diseñado para pelear dos títulos seguro, la Copa y la Europa League, y disputar con los de su calibre una plaza en la Liga de Campeones. Sin haber llegado aún a la mitad de la carrera, al equipo de Marcelino le queda muy poco por lo que pelear, salvo todo lo que […]


12 de enero de 2012 Sergio Barriocanal - Sportyou

El Sevilla estaba diseñado para pelear dos títulos seguro, la Copa y la Europa League, y disputar con los de su calibre una plaza en la Liga de Campeones. Sin haber llegado aún a la mitad de la carrera, al equipo de Marcelino le queda muy poco por lo que pelear, salvo todo lo que pueda remar en la Liga BBVA por alcanzar una de las cuatro primeras plazas. La eliminación en la Copa del Rey ante el Valencia es una estocada al crédito de Marcelino y para un club que en los últimos tiempos dominaba como nadie esta competición llegando casi todos los años a semifinales.

Porque, aunque suene antiquísimo, la primera gran decepción de la temporada del Sevilla llegó en la previa de la Europa League en agosto cuando cayó eliminado ante el Hannover. La confianza depositada por Del Nido en Marcelino tapó y maquilló el fracaso europeo, pero en la Liga BBVA las cosas tampoco marchan como estaba previsto. Tres derrotas consecutivas, una grada muy crítica con el técnico y un caldo de cultivo raro en el vestuario no presagian un buen final para Marcelino. Antes de enfrentarse al Valencia ya envió un mensaje a los jugadores dejando ver que si moría lo iba a hacer con sus ideas y firme en su posición de jefe: “Concibo el fútbol como deporte colectivo y en ningún caso encorseto, doy libertad de movimientos. Y si dicen eso los jugadores es que están buscando excusas. Los futbolistas tienen obligaciones para jugar con una idea común. Y esas obligaciones son realizables perfectamente. Ese cumplimiento de esas obligaciones diferencia a los equipos buenos del resto. No creo que los jugadores sean indisciplinados, quizás sean irregulares. El equipo debe ser un equipo durante 90 minutos. Ahora lo es a ratitos”. Con ese mensaje puede que el entrenador se inmolase, pero es consciente de que muchos han iniciado la cuenta atrás de sus días en el Sevilla. Hay un derbi en el horizonte, vital, y nombres de entrenadores sonando fuerte.

Institucionalmente el ruido que está haciendo todo el caso que rodea a José María del Nido en su proceso judicial que le puede llevar a la cárcel tampoco ayuda a la calma. Desde el club se transmite confianza plena en Marcelino, pero a Del Nido, por ejemplo, le encandila Quique Sánchez Flores, un técnico al que ya quiso fichar al finalizar la pasada temporada.

Lo cierto es que desde la época gloriosa de Juande Ramos, el Sevilla no ha dado con la tecla del entrenador. Manolo Jiménez, Antonio Alvarez, aunque ganó la Copa, y Manzano. Ninguno cuajó. Tampoco el club está teniendo el mismo éxito con los fichajes que cuando convertía en oro a futbolistas desconocidos. Ahora se ha fichado a Reyes, más como una llegada de ilusión para la afición que como una solución para el equipo. De los nuevos que son habituales en el equipo ni Spahic, ni Trochowski ni Manu del Moral llegan al notable. La larga lesión de Rakitic, el bajón de Perotti y la lógica línea descendente de Kanoute también lastran al equipo.

Habrá ruido y gabinete de crisis esta semana en las oficinas del Pizjuán porque ni el club ni los seguidores estaban preparados para una temporada sin objetivos. Sin Copa y sin Europa League, la única opción para Marcelino es recuperar el terreno y alcanzar la Champions en la Liga BBVA.

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