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21 de septiembre de 2020 21/09/20

Opinión

Opinión

Un documental increíble


  • 12 de noviembre
    de 2010
  • Daniel Blanco

[FLASH https://www.youtube.com/watch?v=h_FTjCe1C7Y w=640 h=385]

Echo un vistazo a un pedazo de documental extraordinario llamado “Once brothers” que emite la ESPN y que trata sobre las relaciones de amistad rotas por culpa de la guerra en la antígua Yugoslavia. Amistad en el deporte y sobre todo se centra en la relación entre dos de los mejores jugadores yugoslavos de todos los tiempos. Drazen Petrovic y Vlado Divac. El documental, narrado en primera persona por el segundo de ellos, es una historia sublime, real, de pena, de alegria, pero sobre todo de sinceridad brutal que pone los pelos de punta.

La cinta pone de manifiesto la hermandad que vivían estos dos jugadores que sobrepasaba de largo la amistad. El único problema es que uno, Drazen, era croata y el otro, Vlado, era serbio. La tierna historia que habían vivido desde niños se rompe en verano de 1990 cuando el conflicto era ya inevitable. La gota que colma el vaso es que en la celebración del Mundial conseguido en Argentina, Divac arrebata a un aficionado la bandera croata y se la tira al suelo al grito de “la única bandera es esta” proclamando el símbolo de la Yugoslavia unida. El altercado pasó prácticamente desapercibido, salvo para Petrovic que se la juró al que hasta entonces era su amigo.

Ya compartían canchas en la NBA, uno en los Lakers, el otro en los Nets, pero en los dos enfrentamientos de aquel año, ya no se saludaron efusivamente y en verano de 1991, ya no se hablaban. De hecho Petrovic no acude al Eurobasket de Roma en 1991, última competición a la que Yugoslavia acude como pais unido, al considerar que ese ya no era su estado. En ese momento la relación está rota con Divac.

En ese campeonato ocurre un hecho absolutamente significativo. El base del equipo, el esloveno Zdvoc, juega todo el campeonato antes de la final, pero en los prolegómenos de la misma, Eslovenia ya era oficialmente independiente y obligan al jugador a marcharse de la concentración. Cosas como esa hicieron que muchos jugadores no tuvieran ni fuerzas ni ganas para volver al combinado, que oficialmente estaba deshecho. En los Juegos Olímpicos de Barcelona Croacia fue la única representación balcánica.

Divac no entendió la decisión de Petrovic de no volver a hablarle. En el documental el jugador narra lo mal que lo pasó por esta circunstancia, para él lejos del entendimiento. Justo cuando iba camino de ser una estrella de la NBA, Petrovic falleció en accidente de coche en junio de 1993, cuando iba de copiloto de su novia y el coche quedó empotrado debajo de un camión en una autopista de Munich. Paradójicamente Drazen iba en automóvil porque había decidido viajar con su pareja en vez de hacerlo en avión como el resto de la selección croata que iba a disputar el Eurobasket de ese verano en Alemania.

El final del documental pone los pelos de punta. Se ve a Divac visitando la casa de Petrovic donde le reciben la madre y el hermano, Alexander, también jugador y que luego entrenó a la selección croata y al Caja San Fernando en Sevilla. Ellos no tienen ningún rencor a Vlado, como seguramente no lo tendría Drazen. Sólo que ser de dos etnias distintas en esa época causó un terremoto brutal en una relación que nunca debió romperse. La última imagen de Divac depositando en la tumba de Petrovic una foto de los dos tras ganar el Eurobasket de 1989 enternece a cualquiera. Incluso a aquellos que consideraban a Petrovic un jugador maleducado, marrullero, antipático. Pero era genial, sublime, uno de los mejores europeos de la historia.
Este documental ha llegado a tiempo. No fuera a ser que se nos olvidara quien fue Drazen Petrovic y quien Vlado Divac, y tantos jugadores de esa generación yugoslava de finales de los ochenta. Radja, Djordjevic, Paspalj, Kukoc, Danilovic, Perasovic, Vrankovic, etc. La mejor selección que he visto jugar al basket. Sin duda alguna.

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