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2 de julio de 2020 2/07/20

Opinión

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Tres historias menores de Wembley


  • 12 de noviembre
    de 2011
  • Sergio Cortina

Pocas palabras del diccionario futbolístico tienen tanto poder de evocación como Wembley. Pronunciarla es comprar un billete a la historia del fútbol. Entonces, aprovechando que la selección vuelve el mítico estadio después de quince años, viajemos con tres historias menores pero que también ayudaron a cimentar de leyenda la catedral del fútbol mundial.

Wimbledon 1988. Frente a un Liverpool encorbatado, once obreros. Con todos los corredores de apuestas en contra se llegó al minuto 37 y apareció Dennis Wise. El macarra con buen pie, le tiró un caramelito a Lawrie Sánchez y este no perdonó. 1-0 para la banda. A partir de esa jugada esencial lo del Wimbledon fue un tobogán. Aguantaron, presionaron, rascaron y finalmente levantaron la Copa, el único título de su historia. Les prohibieron defenderlo en Europa y languidecieron hasta desaparecer por la misma alcantarilla que los trajo al mundo. Resumiendo pero la leyenda de aquel Wimbledon de derribo arrancó en Wembley.

Y Southgate falló. 75.000 estaban aquella tarde en Wembley y aunque hubieran callado por un momento la grada seguiría devolviendo al campo un rumor de corazones. Hace quince años del asunto, de aquellas semifinales de la Eurocopa y Southgate sigue enfilando hacia el punto de penalti con pinta de poder embocar aquel tiro, hace quince años del asunto y Southgate sigue estrellando miserablemente la pelota en la manopla de Köpke. La Euro 96 se jugaba en casa y tocaba amarrarla, fallaron contra los alemanes. No cuesta mucho imaginar lo que aquel penalti en Wembley significa para un inglés.

Sunderland. Llovían chuzos de punta aquel 5 de Mayo del 73 en Wembley. No era un clima normal para una final de Copa pero es que tampoco iba suceder una final normal de Copa. Aquel cromo irrepetible lo pintaron mano a mano el todopoderoso Leeds United pero sobre todo el Sunderland, primer equipo en ganar la Copa sin un solo internacional a sueldo. “El más romántico de los resultados fue la recompensa para el más prosaico sentido común”, se pudo leer en el Observer tras el histórico 1-0. Once paladines del infrafútbol cansados y manchados de barro que desafiaron todos los pronósticos, todas las predicciones, todas las tradiciones.

Tres historias que se jugaron, se perdieron y se ganaron en Wembley.

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