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24 de agosto de 2019 24/08/19

Opinión

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Sin Ferrari, la Fórmula 1 vale la mitad


  • 21 de mayo
    de 2009
  • David Sánchez de Castro

La Guerra (por el) Mundial está amenazando a la misma raíz de la Fórmula 1. Se hace impensable la existencia del campeonato de monoplazas por excelencia sin la escudería con más solera y más identificada con el automovilismo. No en vano, sólo hay que echar un vistazo a cualquier grada en cualquier Gran Premio y ver que siempre está el rojo entre los colores predominantes. Vayas donde vayas, siempre habrá un ‘tifoso’. Sin Ferrari yo no me creo este deporte.

¿Tan difícil es llevarse bien? ¿Por qué la FIA, en los últimos estertores del mandato de Max Mosley (se va en noviembre, y no se presentará a la reelección), quiere darle la vuelta a este campeonato? ¿A qué viene tanto KERS, tanta novedad, tanto embrollo, si al final los que se juegan la vida en el asfalto ni opinan ni se les pregunta? Es digno de admiración la idea de reducir costes, de buscar unos monoplazas más eficientes y baratos para ir en consonancia con el contexto económico tan complicado que estamos viviendo. Pero esta no es la manera. No con un puñetazo en la mesa por parte de la Federación que, al fin y al cabo, no son más que los árbitros de este juego, cuyo tablero está en posesión de Bernie Ecclestone.

Porque esa es otra: ¿hasta cuándo va a callar el ‘capo’ de la Fórmula 1? Parece que Bernie está esperando algo (o a alguien) para decidirse, aunque él es quien más se juega en todo este asunto. Monetariamente hablando, claro. La solución del límite presupuestario es buena en el fondo, pero no en la forma. Max, ¿quieres reducir costes en la Fórmula 1? Muy bien, pues impón un límite no económico, sino de otra forma a los equipos: ¿es necesario una escudería con más de 700 personas trabajando para ellos (Ferrari), con sueldos que ya quisiéramos muchos (el mileurismo no existe en la Fórmula 1), cuando hay otras que consiguen buenos resultados, sino mejores, con la mitad o menos (Brawn GP, Red Bull, Williams…)? Ahí lo dejo caer.

¿Y los pilotos? Bien, gracias. Sobrellevando este asunto. Kimi Raikkönen ya ha dicho que él se irá donde se vaya Ferrari. A él, mientras haya helados, plin. Alonso, cuyo futuro es más rojo que los pimientos morrones, se plantea (no nos vaciles, Fernando) irse a correr las 24 Horas de Le Mans, si es que se rompe el actual modelo de Fórmula 1. ¿Alguien le cree? Yo no, desde luego.

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