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19 de octubre de 2019 19/10/19

Opinión

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Sí, sobraban Arbeloa y Busquets


  • 11 de septiembre
    de 2012
  • José Miguélez

Del Bosque tardó 80 minutos en ver lo que la mayoría intuyó antes de empezar y comprobó al primer vistazo. Que Busquets y Arbeloa sobraban. En realidad, no pintan mucho casi nunca, pero menos ante un adversario como Georgia, inofensivo y menor, apretado en masa sobre el área propia. Pero con ese equipo el seleccionador español conquistó el campeonato del mundo y decidió no moverse de ahí, mantener su innegociable doble pivote y renunciar al vuelo atacante por la banda derecha a cambio de asegurarse la capacidad de Arbeloa para blindarse por atrás. El problema es que no había nada que defender y en cambio sí bastante que inventar arriba. La benevolencia volverá a decir que el seleccionador acertó con los cambios, porque efectivamente arreglaron a última hora el partido, pero la realidad es que erró en la alineación. Fue fundamentalmente el once el que le complicó la vida. Lo preocupante es que al concluir el choque, Del Bosque confesó que ocurrió el partido que se imaginaba. Entonces sí hay un problema.

No fue un mal de actitud el de España, sino de capacidad para desarmar un cerrojazo extremo. Sin una patada fea, pero con mucha voluntad y capacidad de acumular hombres. Georgia se limitó a refugiarse y achicar agua, pero Del Bosque la trató por alineación como si fuera tetracampeona del mundo. Pero quien estaba enfrente no era Italia, sino Georgia. La Roja aceptó el regalo de la pelota, se cosió al toque y la movilidad, pero no encontró demasiadas vías por donde prosperar. También le faltó un punto de puntería. Pero sobre todo un buen traje, jugadores adecuados y no innecesarios. Las principales virtudes de Arbeloa y Busquets no hacían falta y sus carencias en cambio sí se hacían imprescindibles de enmendar. Una estadística coreada al descanso ilustraba sobre la realidad del partido. Busquets sólo había fallado uno de los 49 pases que había dado. Actuación perfecta, según los gurús de los números. Pero no había hecho absolutamente nada.

Del Bosque tardó en dar su brazo a torcer. Casi una hora. Primero renunció al pivote defensivo para dar entrada a un extremo, Pedro. España empezó a animarse. Luego renunció a Silva, del primero del que desconfía cuando las cosas se tuercen: salió Cazorla. Y finalmente, con tan sólo diez minutos por delante, retiró a Arbeloa para ganar a Cesc. Y ya sí, el cielo se abrió. No había mucho tiempo, pero bastó. Tres jugadas seguidas del nueve mentiroso de la Eurocopa afirmaron que ése era el camino. Y a la tercera llegó el gol. De Soldado. Otra vez Del Bosque acertó en los cambios. Otra vez se complicó la vida con la alineación.

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