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8 de abril de 2020 8/04/20

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Running, sudor y rock and roll

J. Ignacio Martínez · San Lorenzo de El Escorial “El arquitecto que hizo esta cuesta debería estar en la cárcel”. Fue lo más suave que escuché subiendo la mítica “Rompecorazones“, la rampa más costosa de la “San Lorenzo, rock and run“. Una prueba de 7.777 metros que altera bajadas con subidas, tramos muy llevaderos con […]


20 de julio de 2014 J. Ignacio Martínez - Sportyou

J. Ignacio Martínez · San Lorenzo de El Escorial

“El arquitecto que hizo esta cuesta debería estar en la cárcel”. Fue lo más suave que escuché subiendo la mítica “Rompecorazones“, la rampa más costosa de la “San Lorenzo, rock and run“. Una prueba de 7.777 metros que altera bajadas con subidas, tramos muy llevaderos con otros matadores. Carrera sencilla para los “runners” experimentados y no tan fácil para los demás, incluido un servidor. Agradable para todos, eso sí. El paisaje es bonito, la gente de San Lorenzo de El Escorial se vuelca y encima muchos participantes van disfrazados.

Por lo menos no hizo demasiado calor. El inicio de la carrera se pasó rápido. Entre que esquivé guitarras de cartón, alguna espada y cogí un ritmo cómodo, me planté en el kilómetro tres en 16 minutos y medio. Después, mientras unas monjas nos animaban desde la puerta de un convento (detalle que, por inusual, se agradece), me separé de un amigo al que enredé para este tinglado. El primer avituallamiento tampoco tardó en aparecer. Un paisano, supongo que natural de la localidad, con un cazo, un bidón lleno de agua y muchos vasos de plástico. Aunque casi no me había dado tiempo ni a tener sed…

Y entones llegó “la Rompecorazones”. O la “Subegemelos”. O la “Quebrantarodillas”. Como quieran. Una pendiente de 1800 metros (los últimos 300 son más bien de escalada), que alcanza una inclinación del 20 por ciento y que ya ha destrozado piernas de ciclistas en alguna Vuelta a España. Y me sorprendió a la cantidad de gente que adelanté durante la subida. Cuando acabó, arriba del todo, la segunda dosis de agua. Esta vez eran botellas normales, y además ya sí me notaba un poco seco.

Tras la “rompecorazones”, una suave pendiente hacia abajo amenizó la llegada. Paré el cronómetro en “45:28”. Puesto 577, de 941 que consiguieron terminar. Más agua, una barrita de cereales que te da la organización y la camiseta de Red Hot Chili Peppers, que también me la regalaron. Tras la ceremonia de entrega de premios me acerqué a Jesús de la Morena, ganador con un tiempo de 27:12. Casi la mitad que yo. “¿Qué hago para ganar el año que viene?, le pregunté. “Pues correr, tío, correr”, me contestó riendo. Ya lo sé para la próxima.

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