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27 de septiembre de 2022 27/09/22

Opinión

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«El entorno me chupa un huevo»


  • 06 de mayo
    de 2016
  • Chema Mancha

Rubén Baraja

Se ha montado una gorda en el piso de arriba y al Valencia ni le han invitado. Hace años estaba en todos los saraos, pero mira ahora, en casa, a las diez a la cama, escuchando el jolgorio de los vecinos y encima con suerte de no haber sido desahuciado, que a punto ha estado.

Real Madrid y Barcelona, en su línea; el Atlético, triunfando con el Cholo; el Sevilla, aferrado a torneos con doble partido; y el Villarreal, presumiendo de modelito. ¿Y el Valencia? Una casa vieja a la que en lugar de cambiarle las vigas se decidió que era mejor comprar grifos de oro para la cocina.

La excusa siempre ha sido el entorno. Pero, ¿tanto influye? Veamos.

En los últimos 23 años, desde el ‘petardazo’ que supuso la llegada de Paco Roig al club, la forma de analizar el pasado, de estudiar el presente y de interpretar el futuro se dividió en dos: los conformistas y los ‘vendehúmos’, por caricaturizarlos e identificarlos bien, cada una con sus adeptos, defensores y teóricos propios.

La teoría conformista siempre ha puesto de ejemplo al anterior a Roig, Tuzón, como paradigma del estoicismo económico. Y a Llorente, que apagaba las luces de las oficinas para gastar menos. Esta teoría apela al origen humilde del club, a no creerse nada. A valorar un cuarto puesto porque el Valencia no sé cuántos años ha sido quinto, o sexto, o séptimo. A no traer figuras y a buscar entre los restos de los demás porque seguro que se dejan algo bueno por comer y no se han dado cuenta. ¿Un mendrugo de pan? Bueno es.

A la sombra de este conformismo han pululado ciertas figuras en el club que han vivido muy cómodas durante mucho tiempo. Jugadores, entrenadores, directivos… Era la coartada perfecta para no dar el ciento veinte por cien y vivir al solecito de Valencia.

Sin embargo los ‘vendehúmos’ exigen por encima de las posibilidades reales y conducen a la frustración. Quieren un Romario cada verano y, si no lo fichan, se enfadan. Cada verano se va a ganar la Liga y la Champions League porque no hay rival mejor que el Valencia. Quedar cuarto es un sacrilegio, porque hay que ser primeros, aunque tengas un club sin estructura deportiva y una plantilla hecha con los pies. Peter Lim iba a traer consigo tres Champions, cuatro Ligas y siete Copas. El origen de esta corriente es Paco Roig, actualizada hace unos años por Amadeo Salvo, versión 7.0. Promesas, ilusión y batacazos.

Valga todo esto como descripción. Se ha polarizado al extremo, al punto de que las escopetas están cargadas y el punto rojo del láser de la mira telescópica sobre el objetivo y, cada vez que la actualidad cae de un lado o del otro, ¡pum!

Se dice que no aprendemos, pero ni aprenden los de una corriente ni aprenden los de la contraria. Ni con los Villa, Silva, Mata y Joaquín se debía quedar sextos (temporada 08-09) o a 25 puntos del segundo (temporada 09-10), ni con los Santos, Vezo y Abdennour es posible quedar por encima de Atlético, Sevilla o Villarreal este año. La culpa es de quien los fichó.

Pero lo fácil es echarle la culpa al entorno. Y el entorno especula, sí, se ilusiona, sí, se conforma, sí, o critica, también. Pero el entorno no ficha, ni alinea, ni juega, ni monta una estructura, ni decide qué se comunica. El entorno no manda. El entorno es una entelequia, una excusa. El entorno es una milonga. Lo dijo el gran Rubén Baraja: “Me chupa un huevo lo que diga el entorno”. Así que, señores de Meriton, menos fotos con Cristiano Ronaldo y con Laporta y a adaptarse a la idiosincrasia de su adquisición de una vez. Que, llámenme vendehúmos si quieren, con 200 millones de inversión que han hecho tendrían que estar ustedes en la fiesta de arriba. Háganselo mirar.

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