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Motor

La rotura menos dolorosa de Alonso

Fernando Alonso

El piloto español demuestra en Indianápolis que puede ser competitivo en otras disciplinas... siempre que le respeten los motores


29 de mayo de 2017 - Sportyou

A Fernando Alonso se le lleva un tiempo agriando el gesto. Es normal: después de haber bebido del néctar de la victoria, saborear cada quince días la sangre de quien muerde una y otra vez la lona, no es agradable. Eso le agria el carácter a cualquiera. Hace ya tiempo que dejó de ser noticia una rajada de Alonso contra McLaren y, especialmente, contra Honda.

Pero en Indianápolis mostró otro gesto. Abandonó, se quedó sin su ansiada victoria, sin escribir su nombre en letras de oro en los anales de la historia del automovilismo y sin protagonizar una de esas leyendas que, tarde o temprano, acaban en el cine. A falta de 21 vueltas, o lo que es lo mismo 52,5 millas, el piloto asturiano se bajó del coche porque Honda, ese monstruo que persigue a Fernando Alonso con la tenacidad de Freddy Krueger cada quince días, le volvía a dar la espalda. Había sido líder en dos partes de la carrera, y se tenía que despedir antes de tiempo.

Alonso se bajó del coche, resignado. Los cientos de miles de aficionados que estaban en las gradas de Indianápolis se lamentaban. Los que estaban viéndolo por televisión, lo mismo. Algunos blasfemaron, mientras otros se reían por una desgracia (otra más) del asturiano, al que le empieza a pesar una fama de gafe demasiado precipitada. Incluso en la sala de prensa del óvalo algún compatriota soltaba un “¡pues para eso que se hubiera estrellado, a ver a quién le vendemos esto!”.

Pero él estaba feliz. Había conseguido ponerse otra vez en el ojo del huracán, había recuperado la confianza de fans propios y ajenos, y hasta había suscitado envidias. ¿En qué lugar habría dejado al resto de pilotos de la IndyCar si hubiera ganado? Ahora ya no se podrá saber nunca, o no al menos en el mismo grado si lo intenta el año que viene. Un novato que hace tres meses no se había montado en un coche de su categoría estuvo muy cerca de pintarles la cara. Pero no: ganó Takuma Sato (aquel memorable abandono de 2012 a falta de 2 vueltas pasó a los anales de la sordidez automovilística, y esta victoria, a los de la historia deportiva de su país) y Alonso se quedó tirado en la cuneta. Una historia que ya ha trascendido a este deporte (son palabras del jefazo de la IndyCar) se dio de bruces con la cruda realidad.

Ahora le tocará volver a Woking, volver a pelearse con un McLaren Honda que no tiene ninguna posibilidad, salvo cataclismo, de victoria en la Fórmula 1. Pero el gusanillo de la Indy le ha picado fuerte y hondo. Seguro que vuelve a intentarlo. Quizá este abandono permita que lo haga. Quizá, esta rotura, ha sido la menos traumática para Alonso: ahora ya tiene excusa para volver el año que viene y beber, esta vez de la botella, la leche del campeón.

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