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24 de octubre de 2018 24/10/18

Opinión

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Raúl García


  • 20 de septiembre
    de 2018
  • Paco Navacerrada

Algo muy malo le tuvo que pasar a Raúl García en otra vida para tener ese odio y esa inquina visceral al Real Madrid. Algo terrorífico. En otra vida o en ésta. Ojalá que algún día se sincere y lo cuente. Mientras tanto, él va exhibiendo en cada partido que juega contra el Real Madrid su marrullería, sus malas artes y su obsesión hacia el conjunto madrileño.

El sábado pasado ofreció en San Mamés todo un curso acelerado de lo que es un jugador sucio, que busca cualquier argucia para sacar partido, intentando confundir y engañar al árbitro, o peleándose contra cualquier jugador contrario. Resulta increíble pensar que, a pesar de todo, Raúl García terminase el partido, pero lo hizo, y sin ser amonestado. Cualquier otro hubiese acabado en el vestuario antes de tiempo; Raúl García no, él tiene bula arbitral. Él puede pegar, patear, empujar, golpear, fingir, provocar, protestar, increpar, ser el adalid de la antideportividad. Él puede ser cualquier cosa sobre el terreno de juego, cualquier cosa menos compañero. Para Raúl García, el fin justifica los medios, y él utiliza cualquier medio, legal o ilegal, para alcanzarlo.

La verdad es que tenía ganas de escribir sobre Raúl García. Verlo partido tras partido, saliendo inmune del terreno de juego. Se me llevan los demonios. No lo entiendo. No entiendo por qué los árbitros son tan condescendientes con este jugador, el más antideportivo de la Liga española. Desde luego ha tenido buenas escuelas en las que formarse. En el campo más antimadridista de España, El Sadar, Raúl García mamó el antimadridismo y lo hizo suyo como una religión. Desde ahí no podía ir a otro sitio que no fuese el At. Madrid, en donde consiguió la licenciatura y el doctorado. Su tesis era cada derbi. Daba igual que fuese en el Calderón o en el Bernabéu. Ahora, en el Athletic, un club histórico, que siempre se caracterizó por su nobleza y su juego limpio, va arrastrando su ponzoña. Y este próximo fin de semana volverá a saltar a un terreno de juego, sacará su manual y otra vez campará a sus anchas por el campo, porque su juego, increíblemente, pasa inadvertido para los árbitros.

Son ya muchos los años que Raúl García lleva jugando en Primera División. Son ya dieciséis temporadas en la elite del fútbol español, entre Osasuna, Atlético de Madrid y Athletic. Ciento once tarjetas amarillas y cuatro expulsiones. Demasiado poco para un tipo que compra siempre todas las papeletas para ser expulsado, pero nunca le sale el número. Ojalá que la suerte se le acabe pronto, y alguien pueda desenmascarar a este futbolista que camina sobre el alambre, pero que nunca se cae.

PD. Sí, ya sé que ha habido Champions, pero tenía ganas de escribir sobre Raúl García. Después de esto, comentar que el Real Madrid jugó muy bien contra la Roma. Es verdad que concedió ocasiones, pero creó un montón de oportunidades. Metió tres goles, pero pudo marcar media docena a poco que la puntería hubiese estado más fina. El Madrid promete y el empate del otro día en San Mamés se puede considerar un mero accidente. El Madrid jugó mejor que el Athletic y tuvo más ocasiones. El meta rival impidió el triunfo blanco. Lo preocupante sería que no se crearan ocasiones, pero el Madrid fabrica muchas, y en algún momento tendrán que entrar. Tiempo al tiempo.

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