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22 de octubre de 2019 22/10/19

Opinión

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El Nesquik con galletas de Benítez


  • 11 de diciembre
    de 2015
  • Julián Ávila

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Rafa Benítez vive en un sinvivir desde que aterrizó en el Real Madrid. Cada paso diario aumenta el tamaño de sus pies de barro, lejos de agilizar una trayectoria lógica de adaptación a un club muy complejo. Ha tenido dolores de cabeza con Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos, James Rodríguez, Marcelo… amén de tener que digerir el fallido fichaje de De Gea y la cena improvisada con Keylor Navas esperando para tomar un avión con destino a Manchester, el olvido copero de Cherishev, el ‘affaire’ Benzema, el eterno problema con los médicos, la humillante goleada del Barcelona en el Santiago Bernabéu, los pitos de la grada y los desaires en privado de su presidente.

El entrenador se ha convertido en un saco de boxeo, en muchos casos de manera injusta. En algunos casos ha estado poco hábil a la hora de esquivar el engorro y en otros se ha visto empujado al abismo por eso de ser ‘hombre de club’. Su estrategia de escudarse en los números no ha sido la más acertada y le está reportando más de un quebradero de cabeza en público y en privado. Hay quien comenta que Benítez se lamenta en sus confesiones más íntimas aquello de ‘si lo sé, no vengo’.

En estos cinco meses no hay día sin tormenta porque, sea dicho también, está obsesionado con las publicaciones que aparecen en los medios de comunicación. Es superior a sus fuerzas pasar por delante de un periódico y no hojearlo. Y luego, se encabrita. Tanto como el día que José Mourinho, un rival encarnizado en los banquillos, le recordó de manera sibilina que tenía un problema con el peso y que su mujer haría bien vigilando su dieta. Eso le llegó al alma hasta el punto de que no quiere que le hagan fotos de medio cuerpo hacia abajo en las entrevistas. Normal que cuide su imagen pública, pero lo que no puede perdonar es el barco de Nesquik con galletas, su gran vicio, que se mete entre pecho y espalda cada día en Valdebebas. Energías que no le falten porque serán muy necesarias para la que se avecina.

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