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9 de diciembre de 2019 9/12/19

Opinión

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Quini y el as de oros


  • 02 de marzo
    de 2018
  • Ricardo Rosety

El 28 de febrero ya es, oficialmente, el día más triste de la historia del Sporting. Quini es una de esas personas irrepetibles por las que hay que dar las gracias una y otra vez por cruzarse en tu vida. Quini era un ejemplo en sí mismo y lo demostraba día tras día. ‘El Brujo’ convertía lo extraordinario en pura rutina. El mejor ejemplo lo puede contar Dani Suárez, un aficionado del Sporting que lucha contra la leucemia desde hace meses y que un día recibió la visita de Quini. Su entrada en la habitación estaba repleta de necesidades: “Aguantar un turno completo de día o de noche. Además, hay que entrar con bata, guantes, desinfectarse antes de entrar…” Todo esto lo contó el propio Dani en su cuenta de Twitter.

El milagro de todos los días. Ser nuestro héroe sin querer saber que lo era.

Otro ilustre sportinguista como José Manuel escribió: “Compañero Quini”. Y la dedicatoria del Brujo ya lo dice todo: “Con permiso de los mayores, se lo dedico a los niños, en los que reside esa humildad y alegría que siempre busqué”. Ése era Quini. Su humildad y nuestra alegría.

Por eso el miércoles había 14.000 personas en El Molinón Enrique Castro Quini. Y muchos más que dejamos nuestro corazón volando a Gijón durante unas horas porque físicamente era imposible viajar. Quini se ganó eso y mucho más. Titulaba mi compañero y amigo Javi Barrio en El Comercio de la mejor manera posible: “Quini no tiene rival”. No se puede decir más con menos palabras. Para los sportinguistas, Quini es nuestro as de oros. En cualquier conversación o debate, sacas a Quini y ganas la mano. Y ante cualquier rival, Quini impone tanto respeto que hasta al que está enfrente se le caen las lágrimas en el momento del adiós. No es de ahora. Es de siempre. No hay nada que te haga más grande que el reconocimiento del eterno rival. Y a Quini, el Oviedo y el Real Madrid le han colocado a la altura que se merece con uno de esos gestos que engrandece a ambos. Y encima, fue un enorme jugador de fútbol. Por si a alguien se le olvida. Tremendo.

Ahora empieza la vida sin Quini. Le hemos colocado a la altura del escudo, la bandera y el estandarte del Sporting. Con él, todo era más fácil. Porque Quini es el Sporting. Lo fue, lo es y lo será siempre. Por eso es un día tan triste. Por eso el vacío es enorme. En Gijón, para quien no hubiera podido conocer personalmente a Quini es como si se te muere un vecino. Para los que le conocimos, y le disfrutamos, es como si se nos muere un familiar. Por eso tantas lágrimas. De tristeza. De pena. Pero también de orgullo. Quini no tiene rival. Es nuestro As. El de oros.

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