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14 de agosto de 2020 14/08/20

Opinión

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¿Quién manda aquí?


  • 31 de marzo
    de 2020
  • Ricardo Rosety

Suele ser recurrente en Barcelona ese debate sobre el poder del vestuario. Quien ostenta el poder real de una entidad como el Fútbol Club Barcelona que hace gala de ser la empresa futbolística del mundo que más ingresos atesora en una temporada. La importancia de cada palabra de Leo Messi en torno al club, sobre cada fichaje, cada nombre de jugador interesante, cada baja, cada entrenador… Y si no son las palabras de Messi, son las de Gerard Piqué. O las de Sergio Busquets. Un jugador da una opinión sobre un asunto importante o espinoso y tiemblan los cimientos. De arriba a abajo.

Después siempre hay tiempo para que Josep María Bartomeu reclame su poder presidencial, mientras que el vestuario recalca una y otra vez que ellos no mandan en el club. Cada uno en su papel, sostienen. Se puede asumir como normal que haya consultas al vestuario cuando el asunto es importante y los jugadores no quieren salirse de las líneas que delimitan el terreno de juego porque, fuera de ese territorio, se saben vulnerables. Alguien les podrá decir que ese no es su terreno. Y con razón.

Pero es ahí donde se empiezan a retorcer los problemas en Can Barça. El comunicado de los jugadores encabezado por Leo Messi y retuiteado por el resto del vestuario lanza otro dardo a la Directiva. “No deja de sorprendernos que desde dentro del club nos quieran colocar bajo la lupa”. Si Messi escribe algo así en algo tan sensible en estos momentos como los sueldos, aceptando que se bajan el 70% en una medida que “ya tenían en mente”, no es un tema menor. Y añaden una ayuda para que los trabajadores cobren su sueldo al 100%. Otra solución a un problema. Y otra denuncia de un ataque soterrado desde la planta noble que el vestuario repele en público. Y no es la primera vez.

Queda claro que la decisión la tomará Bartomeu, pero también queda meridianamente claro que el vestuario, sin querer mandar, reconduce el camino de un club con tendencia a la dispersión desde el mando de su Directiva. Esa debilidad de la que habló Gerard Piqué con la tranquilidad impropia de quien acaba de disputar un partido clave en la lucha por la Liga. Un presidente que transmite la sensación de no atreverse a tomar una decisión y un vestuario que pide que todos asuman su papel. Un respeto mal entendido que termina con el futuro del club, de todo un Fútbol Club Barcelona, en las manos de los futbolistas. O en sus pies. Y sin quererlo.

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