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23 de septiembre de 2020 23/09/20

Opinión

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Poulter podría ser de Pedreña


  • 28 de septiembre
    de 2012
  • Guillermo Salmerón

Seguramente, -si tuviera que apostar lo haría por los americanos- esta Ryder Cup se quedará en Chicago. Los estadounidenses han sido mejores en donde habitualmente los europeos dominaban el marcador, en los partidos de Foursomes y Fourballs. El 10 a 6 tras las dos primeras jornadas es concluyente y sólo queda rezar para que el domingo, en los individuales, la paliza no sea demasiado dolorosa.

Esto es lo que pensaba antes de ver el último hoyo, el 18, del Medinah Country Club en el último partido que jugaban Rory McIlroy, número 1 del mundo, y el inglés Ian Poulter, un experto jugador de 36 años, con experiencia en la Ryder y que se ganó su plaza en el equipo europeo porque José María Olazábal sabía que con él, el combinado que dirigía tendría alma.

Y no se equivocó. Cuando todo estaba perdido, cuando Europa caía por 10 a 5 y la situación parecía insalvable, Poulter tocó su bola con el putt para que rodará tres metros y entrara suavemente en el hoyo 18 para ganar el último partido de los Fourballs dejando el marcador en un 10 a 6 que abre una pequeña ventana a la esperanza para conseguir mañana ocho puntos y mantener la Copa que se ganó hace dos años en Celtic Manor.

Si, ya sé que va a ser difícil -casi imposible- pero no me resisto a sonreír y a sentir un cosquilleo por mi interior pensando en lo bien que se lo habrá pasado Seve viendo a este inglés con el pelo alboratado, tez blanca y largilucho como un día sin pan, firmando cinco birdies consecutivos en los últimos cinco hoyos y minando la seguridad de un equipo que creía que ya tenía la victoria en su mano.

Si Seve Ballesteros hubiera jugado esta edición de la Ryder hubiera hecho lo mismo que Poulter. No se hubiera rendido nunca. Le hubiera plantado cara a Bubba Watson en el tee del 1 pidiendo a la gente que gritara todo lo que pudiera cuando fuera a pegar su golpe, lo mismo que hizo el norteamericano unos segundos antes. Hubiera saltado como él, sacado el puño como él y gritado como un poseso cuando, por fin, después de 18 agónicos hoyos, consiguió una victoria que igual no sirve para ganar la Copa pero que igual despierta a un equipo que no ha rendido lo que se esperaba.

Si hubiera podido elegir, seguramente Poulter habría elegido Pedreña para nacer. Allí, en aquel pequeño y precioso pueblo costero, nacen algunos de los mejores jugadores de golf del mundo, como Seve Ballesteros o su tío Ramón Sota. Seguro que los dos, desde el cielo, han vibrado con este jugador que nos ha recordado lo mejor de un Seve que siempre demostró que con corazón, fe y determinación los sueños se cumplen. Si creemos en Poulter como creíamos en Seve, igual a esta Ryder todavía le quedan 12 partidos para terminar y no cinco como dicen los americanos.

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