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18 de octubre de 2019 18/10/19

Opinión

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Piten a Carlo y a Florentino, no a Iker y Arbeloa


  • 27 de agosto
    de 2014
  • Fernando Carrión

El Real Madrid es un club especial, pero a veces, en el peor sentido. En cualquier otro lugar sería imposible arrancar la Liga con pitos, y tener al cuerpo técnico y al vestuario mosqueados tras haber conquistado el sueño de la Décima. Una cosa es la búsqueda constante de la excelencia y el hambre eterna de títulos; y otra muy diferente el estado de agitación y psicosis perpetua en el que se ha instalado la institución desde hace años.

No acabo de entender a los que pitan en el campo a jugadores de su propio equipo. Y mucho menos, en el primer partido de Liga, como pasó con Arbeloa y Casillas. Pero todos los que no quieren verlos en el campo deberían pitar a los verdaderos responsables de esa situación: Carlo Ancelotti, que es quien los pone; y Florentino Pérez, que es quien fichó a Ancelotti y quien ha manejado realmente mal una situación que ha perjudicado mucho al club.

Lo de los porteros no hay quien lo entienda. Si Diego López era el primer portero ¿por qué salió él del equipo? Pues muy sencillo: era más barato pagarle el sueldo pendiente y tenía consecuencias menos peligrosas para el palco que echar a un mito. Si para Villiam Vecchi y Ancelotti era mejor que Iker, la salida de Diego al Milán debería haber traído una consecuencia automática: la dimisión por vergüenza torera de ambos tras una desautorización flagrante. Al no hacerlo, aceptan y tragan que el presidente fiche y despida en contra de sus indicaciones, como también ha sucedido con Di María.

Y para más inri, Casillas, el que ‘no valía’ el año pasado, ahora es titular. Una mente maliciosa podría pensar en una estrategia maquiavélica detrás de esta jugada. Y es que tanto si cae por su propio peso y errores; o si por el contrario se sobrepone y vuelve a ser el que fue, Florentino gana. Si Iker cae, porque habría fichado al salvador Keylor Navas; y si se recupera, porque habría acertado al quedarse con él en lugar de Diego López.

No es casualidad que los receptores de los pitidos fueran los epicentros -junto a Diego López- de los últimos terremotos en el vestuario blanco. Y aquí el máximo responsable es el presidente, que tenía que haber tomado decisiones drásticas hace mucho tiempo para detener la división interna del madridismo. La primera, despedir fulminantemente a Iker Casillas, a Sergio Ramos y a todos los que se atrevieron a amenazar a su presidente -y por extensión a todos los socios- con el famoso “o Mourinho o nosotros”. A Don Santiago Bernabéu no le habrían durado ni un minuto. Y la segunda, completar la limpieza echando a Mourinho a final de temporada junto al resto de jugadores que alimentaron las guerras internas. Mientras los que pelearon de forma activa en uno y otro bando sigan en el equipo, el mal no se habrá extirpado y los partidarios de unos y otros en las gradas tendrán a quien pitar.

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