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25 de enero de 2020 25/01/20

Opinión

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El penalti más tonto del mundo


  • 16 de febrero
    de 2016
  • Javier Coloma

Penalti Messi

No hay una sola acción en el fútbol regulada por el árbitro que produzca un mayor desequilibrio entre dos rivales que un penalti. Algunos estudios sitúan en un 80% la probabilidad de que termine en gol. Es la forma que entiende este deporte para otorgar, en una situación determinada, la máxima ventaja de un equipo sobre otro. Es casi una pena capital; un fusilamiento.

Antes que Cruyff, el penalti que lanzó Leo Messi lo inventaron los jugadores belgas Rik Coppens y André Piters, que entendieron esa maniobra como una manera de crear una superioridad todavía mayor, forzando un dos contra uno. Al parecer, la evidente desigualdad entre el portero y el ejecutor les sabía a poco. Me atrevo a decir que es uno de los inventos más absurdos y abusivos del fútbol, como si los verdugos, antes de enfilar las bayonetas, quisieran hacer ellos también una lista de sus últimas voluntades. La historia está ahí: desde el año 58 se pueden contar con los dedos de una mano las veces que los equipos de primer nivel lo han puesto en práctica. Eso pone en jaque su eficiencia y su dignidad.

Había una especie de ley oculta que catapultaba el rendimiento de Djalminha cuando jugaba contra el Real Madrid. El brasileño no forma parte de los grandes futbolistas mundiales de la época, pero queda en el recuerdo de los aficionados como un malabarista pueril que ejecutó con maestría algunas acciones contra los blancos. Resiste en la memoria colectiva porque hay acciones triviales que se legitiman por las desigualdades evidentes que suponen el enfrentamiento entre los equipos ricos y los pobres. Cabriolas como las suyas constituían instantes en los que un gigante sometía su voluntad a las exigencias estéticas de un pequeño campo de fútbol en el que casi todos sus aficionados compraban en la misma panadería. Por eso no es extraño que se griten “olés” en los campos pequeños aun cuando gana el Real Madrid 0-2. Es el todo supeditado a un momento. La imagen eterna de Fernando Hierro y Fernando Redondo mirar con la boca abierta la “lambretta” de Djalminha es el equivalente a la foto de un pescador del Missisipi sujetando un siluro de 100 kilos.

Messi lanzó el penalti más tonto del mundo de una manera perfectamente inocente y legítima. No se me ocurre un solo fundamento por el que quisiera faltar al respeto al Celta de Vigo. Y creo que no lo hizo. Pero es una acción que un futbolista de su talla no precisa. Ni Messi ni el Barça necesitan estos alardes porque ya existe la ventaja competitiva y porque están instalados en un constante halago desde hace años. Fue una legítima, respetuosa e innecesaria chulería.

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