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8 de diciembre de 2019 8/12/19

Opinión

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Pelusa en boca


  • 04 de julio
    de 2010
  • Antonio Toca

No sólo es perder, también importa cómo se pierde. La cara pálida de Diego Maradona al finalizar el partido ante Alemania era la viva imagen de quien sabía que iba camino del matadero. En realidad, era cuestión de esperar, el tiempo que tardase esta Argentina en enfrentarse a un rival de fuste. El ingrediente adicional a sumar a un Maradona a la defensiva, quieto en la banda, sin reaccionar ante el repaso que estaba recibiendo, mientras sacaban a relucir todas sus vergüenzas.

Desde el 2006, cuando Löw era segundo de Klinsmann, y entre ambos decidieron construir la futura selección alemana alrededor de un buen trato con el balón, luchaban contra la historia de su país. En su dietario estaban presentes el fútbol que vieron crecer de niños, aquel que tanto les hipnotizó: la Alemania de la Eurocopa del 72 y la del 80, con sus míticos jugadores. Hicieron buen Mundial, en 2006, pese a quedarse a un paso de la gloria, y un buen Europeo, hasta que Löw, ya sin Klinsmann, se topó con España en Viena y comprobó, tras el baño que le dieron, que aún les quedaba mucho por hacer. El camino a recorrer se lo había mostrado la selección española, pero buscando sus virtudes y su esencia, con un juego más vertical que el de España.

En la famosa entrevista que le hicieron a un Maradona muy crecido, éste se atrevió a criticar a España, a ser ventajista, mostrando una forma de ver fútbol que él como entrenador despreciaba: Si las porterías estuviesen en los laterales, España ganaría todos los partidos 10 a 1″, añadiendo el parece que la Copa había que dársela sin jugar. El fútbol y las combinaciones, como la táctica, importaba poco. Daba igual como se trabajase, bastaba con acumular grandes nombres en la delantera y esperar a Messi, como le ocurrió a él en México 86, con una diferencia importante, aquel equipo tenía a Bilardo de entrenador y estaba trabajado en la pizarra… Otra vez el matiz que se pasa por alto. De nuevo la memoria selectiva, que no la romántica.

Maradona, triste, con la cara desencajada, agarrado a su rosario y viendo otro partido en la sala de prensa. Löw relajado, viendo una obra de arte. Goles como ganchos de boxeo golpeando el mentón de Diego. La admiración por los equipos que apuestan por el toque y las porterías en los laterales del campo… Eso es el fútbol, deporte que desde hace un par de años está por encima de los nombres y los mitos, apuntando al equipo, al grupo, al gusto por balón, a la escuela que la naranja mecánica y el Brasil del 70 se dieron el gusto de mostrar al resto del mundo, pese a Dunga, por ejemplo.

Cruyff alucinaría con la Alemania holandesa que hoy ha visto, pero, como a muchos de nosotros, la caída de Argentina no le habrá pillado por sorpresa. Las cuentas claras, como los periodistas argentinos a los que despreció e insultó Maradona tras la fase clasificación mundialista conseguida in extremis. Ahora, la pregunta es sencilla: ¿quién la chupa? El riesgo de ser fanfarrón. Pelusa en boca.

En Sportyou | De la memoria selectiva al peso de la ambición

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