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14 de diciembre de 2018 14/12/18

Opinión

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Otro inolvidable guiño a Neptuno


  • 13 de julio
    de 2010
  • José Miguélez

Lo hizo otra vez. Como en la Eurocopa que apellidó con aquel gol aún inmortal, Fernando Torres volvió a subir el escudo del Atlético a la celebración del triunfo español. Fue el primer campeón del mundo en lucir un distintivo diferente al español en el autobús de la victoria, enfundado en una bandera que dejaba ver a su espalda las rayas rojiblancas y el emblema del oso y el madroño. Luego, cuando ya cada cual se sumó a la irreverencia de adornar la caravana del éxito con homenajes particulares, el Niño vivió toda la fiesta con un par de bufandas colchoneras cosidas a su muñeca. Oficialmente, no había nadie del Atlético entre los 23 jugadores de la hazaña, pero Torres se encargó de desmentirlo. “Este triunfo también es del Atlético, está representado por mí”, le gritó a la multitud. Al paso por Neptuno, le cedió una cámara a Reina y le pidió que le fotografiase con la Copa del Mundo en la mano y el santuario atlético de fondo. El Niño se siente del Atlético. Y, ebrio de gloria, aunque rebajado de protagonismo en el título y bajo los efectos de una dolorosa lesión muscular, se acordó de nuevo de escenificarlo. Un detalle que anima a la reconciliación definitiva: “Los atléticos me siguen viendo como uno de ellos, me siento orgulloso”.

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