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23 de septiembre de 2020 23/09/20

Rio 2016

Óscar Figueroa, el oro olímpico que casi acaba en la guerra

Óscar Figueroa

El colombiano, que consiguió la medalla de plata en Londres, llegó a considerar ser militar en 2004, antes de participar en los Juegos de Atenas, los primeros en su carrera


9 de agosto de 2016 - Sportyou

Óscar Figueroa, que compite en halterofilia en la categoría de -62kg en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, se ha llevado su primer oro tras levantar una suma de 318kg. Pero la losa que se ha quitado de encima el colombiano, que no ha tenido una infancia fácil, no hay báscula que calcule su peso.

Su primera medalla olímpica -plata- la consiguió en Londres, pero Figueroa lleva participando en los Juegos Olímpicos desde los de Atenas 2004. Justo cuando se tuvo que meter en el servicio militar de Colombia después de ser apartado por la selección nacional de halterofilia por una lesión en su rodilla.

Ahí llegó a considerar ser militar, pero su pasión por la halterofilia siguió intacta. El haltera siguió entrenándose con el permiso de sus superiores y acabó por representar a las Fuerzas armadas en las competiciones deportivas nacionales con el objetivo de llegar a los Juegos de Atenas.

Todo por la halterofilia, una pasión que llegó después de probar varios deportes que practica todo niño en su infancia. Desde el fútbol hasta el baloncesto pasando por artes marciales como el kárate. El deporte era la vía de escape de un Figueroa al que nunca se le dio bien el tema de los estudios.

Por ello entrenaba tanto por la mañana como por la tarde. Un hobby que en su pueblo natal, en Zaragoza -municipio de Antioquia, no de Aragón-, practicarlo era imposible por los enfrentamientos entre paramilitares y la guerrilla. Sumado a la falta de oportunidades de trabajo de sus padres, obligaron a que tuvieran mudarse y alojarse en la casa de unos familiares.

Y el destino tenía preparado un último reto en la vida del colombiano antes de subirse a lo más alto del podio. El pasado enero fue operado por una hernia lumbar que inmediatamente le vino a la mente. “Esto se lo tengo que agradecer primero que todo a Dios y al doctor Jorge Felipe Ramírez, esta medalla es de él por hacer una gran rehabilitación y que mi columna estuviera al 100% para poder participar”, dijo entre lágrimas.

En la final de este martes, tras ganar el oro, besó sus pesas y se puso a llorar como un niño. Aquel chaval que padeció una inestabilidad constante en su vida personal, ya es todo un hombre y ha dejado su nombre en la historia de los Juegos con 33 años y muchas dificultades. “Yo solo quiero decir que no estaba viejo, simplemente tengo más experiencia y en la plataforma lo pudieron ver. Gracias a Dios se ha logrado esto, porque fue un duro trabajo y teníamos una gran confianza en lo que se podía lograr en esta ocasión. Esto es para toda Colombia y espero que lo disfruten”, finalizó visiblemente emocionado.

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