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16 de noviembre de 2019 16/11/19

Opinión

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Origen


  • 18 de septiembre
    de 2015
  • Iñaki Cano Martínez

Pau Gasol

Es una sensación extraña. Después de tantos años ganando casi en cualquier disciplina deportiva, los españoles habíamos regresado a la derrota. Sabíamos el sabor. Pero anoche… Ay, anoche. Fue una regresión a mi infancia. No pensé ni en Nadal ni en Iniesta. Tampoco en Gasol aunque fuera la causa de mis gritos de alegría. No. La vendetta de anoche me hizo recordar a Indurain. Y desde aquí les pido que piensen en él. Cuando éramos unos derrotados genéticamente en todos los deportes, de vez en cuando rascábamos algo. Poco, pero algo.

Recuerden esas tardes de julio cuando “Miguelón” encaraba una contrarreloj. La confianza que sentían al tener la certeza de que iba a meterles tres minutos a los Bugno y compañía. Cómo los adelantaba. Sabíamos que lo iba a hacer porque era Indurain. Esa alegría. Esa confianza que sentíamos al verle. Mi abuelo Modesto, cansado de vernos caer en Mundiales y Eurocopas de fútbol, alucinaba: “Esto es un espectáculo”

Anoche Gasol me hizo acordarme de esa primera sensación de victoria. De alegría. Del “lo vamos a hacer”. También el Chacho, Reyes y compañía. Gracias. Me sentí como en esas tardes de julio de Tour con mi abuelo. Ahora, con la victoria digerida y paladeada, ¿no se sienten más altos, más fuertes y más guapos? Si Pau Gasol se presentara a las elecciones generales ganaría seguro. Por cómo nos hizo sentir. Por cómo nos hizo gritar. Por cómo nos ha hecho volver a los orígenes. ¡Gracias!

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