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23 de septiembre de 2020 23/09/20

Opinión

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Oportunidades de inversión


  • 16 de diciembre
    de 2009
  • Matias Castañón

Vengo de un país que está sumido en la más absoluta pobreza por culpa de aprovechados, de gente que tira de influencias y que ofrece sus servicios a cambio de sobres plenos de mentiras. Sin embargo, el imaginario argentino tiene como referente al hombre que obtiene el mayor beneficio sin mover un dedo. Paradojas de la vida de un país que hace ocho años se metía en una de las crisis más duras de su historia. Pero esta entrada no va del corralito ni de nada parecido, va de aprovechados y aprovechadores, de gente que se sirve de su posición para hacer negocio y le sacan partido a un mundo de mentira.

La gran noticia NBA en este final de 2009 es el regreso del árbitro Tim Donaghy: después de quince meses recluido en una prisión federal acusado de influir en resultados de encuentros que él pitó para obtener beneficios en apuestas ilegales, el ex colegiado publica un libro (Personal Foul: A First-Person Account of the Scandal That Rocked the NBA) en el que narra sus peripecias y pone luz (su luz, claro) sobre estos asuntos. En una entrevista con Dave Zirin (columnista de SLAM -la biblia del basket USA- y uno de los mejores bloggers del planeta NBA), Donaghy se defiende y habla de que la mayoría de sus beneficios no le llegaron por partidos que él hubiese pitado, sino que los obtuvo gracias a conocer los criterios de arbitraje marcados por la Liga. ¿Criterios marcados? Pues sí: según Donaghy, antes de los playoffs se citaba a todos los árbitros y se les adoctrinaba en como resolver ciertas situaciones. Sabiendo esto y conociendo al 100% de los involucrados en el juego, Donaghy (y cualquiera) le podía sacar partido a esa situación. Queda la frase del arbitro para que unos y otros la tengan en cuenta: “Yo no quería pitar ese tipo de acciones, aún a sabiendas de que fueran erróneas, pero de no haberlo hecho saltarían las alarmas y me metería en problemas, cosa que ocurrió al final”.

Zirin le lleva por ciertos caminos y acaban hablando de la hipocresía de la NBA, que le juzga y martiriza por su actitud pero que hace la vista gorda cuando los jugadores se pican en calentamientos y se apuestan miles de dólares a ver quien anota desde el centro del campo. Esa misma NBA que no deja a los hermanos Maloof (propietarios de los Sacramento Kings) mudar su franquicia a Las Vegas (“Sin City” es conocida por la gran cantidad de dinero negro que se mueve en el mundo de la probabilidad deportiva) pero que ahora valora la posibilidad de que las apuestas se regulen. El propio David Stern ha valorado esto como una “oportunidad enorme de negocio” para una Liga que ya mueve millones en concepto de apuestas fuera del territorio norteamericano; con ese dato y las acusaciones de Donaghy sobre los criterios, a uno le da por pensar: ¿Oportunidad enorme de negocio para quien?

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