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22 de noviembre de 2019 22/11/19

Opinión

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Obras maestras del cine y el boxeo: Rocky


  • 06 de octubre
    de 2009
  • Juanen Gonzálvez

A veces las anécdotas se basan en la casualidad, y esto es poco más o menos lo que ha pasado para dar origen a esta nueva entrada del blog. En el análisis que hicimos sobre “Carros de Fuego”, CRB dejó un comentario lanzando un guante sobre la fantástica y duradera relación entre el séptimo arte y el boxeo. El azar, el destino o dios sabe qué hizo que estuviera preparando el siguiente texto sobre “Rocky” y que tuviera que variar mi planteamiento inicial y cambiarlo totalmente.

¿Cuál es la mejor película de la historia sobre boxeo? Si me hubiesen preguntado sobre física cuántica lo tendría más claro, de verdad. ¿Quién no calificaría “Toro Salvaje” como una obra maestra? ¿Quién no se daría cuenta de que “Rocky” introdujo algo innovador en la filmación de este tipo de películas? ¿Quién no hablaría de la interpretación de Paul Newman o John Wayne o Robert de Niro como únicas e inigualables? Menos mal que el comentario dejaba una escapatoria a la que poder asirse: hacer un recordatorio en la historia del cine sobre el boxeo.

Como abarcar demasiado podría dejarnos un ánimo de tibieza y de poca definición, hemos establecido tres podios de honor para tres categorías distintas: Obras Maestras, Últimos 30 años y Españolas. No sería justo hacer comparaciones entre ellas, y no lo haremos, pero sí que merece la pena pararnos a desglosarlas y paladearlas con tranquilidad.

Así pues, arrancamos con la categoría de Obras Maestras. En este apartado hemos elegido tres películas cuyo valor puede ser prácticamente incalculable y que admiten poca discusión: “Rocky”, “Toro Salvaje” y “Marcado por el Odio”. Ojo, que no se engañe nadie, que estas tres no admitan reclamaciones ni devoluciones no quiere decir que alguna de ellas pudiera ser sustituida por otra que, desde la subjetividad que marca este tipo de elecciones, pudiera destronarla.

ROCKY (1976)

Mi debilidad por esta película es patente y no pienso ocultarla en ningún momento. Me atrevería a decir que existe un cine sobre boxeo antes y después de esta obra. Es un punto de inflexión que cambiará la perspectiva sobre cómo se tienen que rodar este tipo de películas que influirá de manera vital y posiblemente ilimitada en este subgénero.

Nadie duda de que “Metrópolis”, “El Cantante de Jazz”, “La Guerra de las Galaxias”, “Toy Story”, “Matrix” y algunas películas más han aportado elementos nuevos al cine que lo han mejorado y le han dado el aire fresco necesario para seguir vigente. En este sentido, “Rocky” mejora al boxeo en el cine de múltiples formas: primero, y vamos al detalle técnico, porque es la primera vez que se utiliza en toda la historia una Steadicam. Cierto que, puntualmente, se rodó con ella en “Ésta es mi tierra”, protagonizada por David Carradine (sin comentarios sobre la muerte del pequeño saltamontes), pero en “Rocky” la Steadi es parte fundamental del rodaje.

La movilidad, cercanía y subjetividad que otorgó este tipo de cámara que inventó Garrett Brown, unidas a un montaje único y la coreografia detallada por Sylvester Stallone prácticamente como ballet, dieron una nueva visión del boxeo. Los rounds se viven in situ y los golpes son sentidos tanto por los actores como por los espectadores, volviendo al grado de escritura cero de Roland Barthes y los barbudos de la inigualable Cahiers du Cinema.

Segundo, porque la historia es tan buena que cala hasta los huesos. No es que otras películas no tengan buenos argumentos, que sí, y además la vida de los boxeadores ha sido especialmente interesante, como seguiremos comprobando en los otros dos títulos. Pero el amigo Balboa goza de una ventaja sobre el resto: al final de la película no gana (supongo que no es ningún secreto). Hasta hace no tanto no descubrí que era eso lo que tanto me atraía de la película y fue José Núñez (gran amigo; mejor periodista, mal que le pese; y hermano de todo un campeón de Europa) el que me mostró hace algún tiempo este punto como valor añadido del producto.

Rocky no podía ganar, era inferior a Apollo Creed, y el que hubiera triunfado con un gancho de fortuna o una victoria a los puntos hubiera supuesto su inmediato suicidio fílmico. Y aquí obligatoriamente hay dar al César lo que es del César o, en este caso, a Sylvester Stallone, puesto que fue el neoyorquino el que dio vida no sólo al personaje sino también al guión de la película, algo que se ha pasado siempre bastante por alto.

A mediados de los setenta, Sly era un actor desconocido con 106 dólares en el banco, sin coche y con un guión que había escrito en tres días después de inspirarse en el combate de Chup Wepner y Muhammad Alí (24 de marzo de 1975, Cleveland). En esta pelea, Wepner le aguantó los quince asaltos pactados al colosal Alí y sólo cayó a falta de pocos segundos para el final, gracias a los mazazos del consagrado Casius Clay. Wepner, al igual que Balboa, era tan sólo una medianía que no debía haber supuesto más que una piedrecita en el camino para el campeón, pero, fajador él a los viejos tiempos, aguantó y aguantó y terminó forjando una leyenda en la cabeza de Stallone.

El futuro John Rambo se dirigió a Irwin Winkler y Robert Chartoff para que produjeran la película y se mostraron de acuerdo, llegando a ofrecerle 350.000 dólares por el guión. Stallone no sólo se negó sino que puso como condición indispensable que él la protagonizara, obteniendo el beneplácito de ambos productores siempre que no cobrara por escribir el texto. Stallone no cobró y Winkler y Chartoff por poco terminan de rodar la película debajo de un puente. Tenían un millón de dólares como presupuesto de rodaje y se pasaron cien mil dólares que tuvieron que avalar de su propio bolsillo, en este caso con la hipoteca de sus casas. Todos lo pasaron mal pero al final la jugada les salió redonda porque la saga ha recaudado sólo en Estados Unidos cerca de seis cientos millones (600.000.000) de dólares.

Stallone se entrenó durante seis meses para conseguir la formación necesaria para interpretar a Rocky. Lo dio todo en el rodaje, llegando a sufrir algunos percances e incluso dejó de fumar al darse cuenta de que no conseguía el aliento para llevar a cabo los asaltos. Además, como él mismo reconoció, la historia de Balboa era también su historia: la de un actor por el que nadie daría un duro a no ser que hiciera algo tan maravilloso que el público le apoyara incondicionalmente. Y tanto que lo hizo.

Lo mejor: La música que hizo Bill Conti (el que también hizo la de “Evasión o Victoria”) que todavía pone los pelos de punta cuando Rocky corre por las calles de Philadelphia y sube las escaleras del Museo de Arte al ritmo del “Gonna Fly Now”

Tampoco nos olvidamos del “Eye of the Tiger” de Survivor, aunque sea de la tercera parte:

Lo peor: las secuelas fueron de más a menos, siendo la cuarta y la quinta las peores, pero salvamos la última, “Rocky Balboa”, en la que funciona el auto homenaje.

La anécdota: gran parte del presupuesto se fue en maquillaje para los boxeadores. Para intentar ahorrar lo máximo posible, rodaron los rounds del último al primero, puesto que es más fácil quitar maquillaje que ponerlo. Además, algunos los rodaron hasta dos veces, primero con la Steadicam dentro del ring junto a los púgiles, y la segunda desde las sillas de los espectadores.

Los premios: tres Oscar (Mejor Película, Director y Edición) y dos nominaciones para Sylvester Stallone como actor y director, algo que sólo habían conseguido Charles Chaplin por “El Gran Dictador” y Orson Welles por “Ciudadano Kane.”

Continuará…

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