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24 de Agosto de 2017 24/08/17

Opinión

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No hay quien lo pare pero, ¿lo empujan?


  • 24 de Mayo
    de 2011
  • Antoni Daimiel

El Kun Agüero se va y ahora no hay quien lo detenga. El problema es si hay quien lo empuja simulando que lo abraza. Ahora es imposible sujetar a un crack del fútbol mundial que con 22 años ha metido cien goles con la elástica del Atlético de Madrid y ha tenido el detalle y la decencia de despedirse con un “hat-trick” inolvidable. El Atleti para el Kun es el primer novio adolescente de Adriana Lima, el chaval que le dio el primer beso a Beyoncé. La rienda suelta hubiera sido inevitable de cualquier modo… O no. Porque ha jugado en un equipo que ha perdido en casa más partidos y ha recibido seis goles más que el descendido Deportivo. Porque si a mí se me hacen insoportables dos años seguidos sin Champions imaginemos al de Quilmes. Porque ha habido días que ha mirado atrás y ha visto a Raúl García, ha mirado a un lado y ha visto a Elías y ha mirado delante y ha visto a Diego Costa. Porque hace unos meses los dueños del mago le bajaron la cláusula de 60 a 45 millones mientras insistían en que el Kun no se iría. Vamos, lo que cualquiera haríamos con un piso que no quisiéramos vender. Y ahora despliegan su maquinaria mediática para que la prensa sepa que la culpa es del entorno del jugador, que es el Kun el que se quiere ir y para que le hagan fotos saliendo del Calderón. Para que le gente le tome miedo a su marcha al Madrid y que al final su viaje al City o a la Juve sea una descarga, una soltura de manga del mal menor. Ni un sólo reproche al Kun, todo el cariño y la suerte del mundo. Podrá ir diciendo por esos campos de las mejores eventos futbolísticos del mundo que él es muy del Atleti y lamentablemente, a nadie molestará, como cuando se nombra el equipo del pueblo o del barrio en esas circunstancias. Porque el Atleti no es un grande venido a menos, es un grande llevado a menos. Ya dije en una ocasión en Sportyou: “El Atleti ya no me duele pero lo (a)noto”. Por eso, porque ya no duele tanto a base de cicatriz, uno se permite la frivolidad de jugar y, al estilo de expresiones mucho más serias e importantes, pedir una acampada en el Calderón. Pero antes de instalar la enfermería y la guardería, priorizar un gran huerto de tomates gordos. Kumato.

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