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18 de junio de 2024 18/06/24

Opinión

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  • 19 de junio
    de 2012
  • Iñaki Cano Martínez

Westbrook. Sergio García. Baloncesto y golf. Finales de la NBA y US Open. Agua y aceite. Dos mundos diferentes, opuestos. Pero la madurez es un elemento común. Con ella se alcanza la gloria. Con la templaza, se atrapa para siempre. Decidir bien en los momentos de presión y nunca doblegarse ante la adversidad; no buscar culpables en el entorno o en los compañeros. El entrenador, el caddie o el campo no son los malos de la película. Los nervios. La mente. La negación de la realidad.

En un mismo día, Westbrook y Sergio García hicieron gala de sus defectos. Enormes como los de cualquier deportista de élite. Eclipsan su calidad global como profesionales de su deporte. El base de los Thunder decidió mal en los momentos decisivos. La velocidad excesiva cuando la calma debía ser su guía. Buscar la victoria a través de la precipitación y la negación del escaso acierto de sus movimientos. Westbrook es un jugadorazo con unas cualidades físicas y técnicas fuera de lo normal. La cabeza es el problema. Su actuación no fue buena pero su digestión del cambio, de un error de Harden y de creer que es Durant, es nociva para él. Si Westbrook juega bien y la templanza es un arma para él, los Thunder pueden ganar a cualquiera. Cuando Westbrook ocupa su lugar, ganar es un hábito. Es un elemento importante y esencial para su equipo. Pero los nervios, la mucha velocidad de pensamiento y ciertos aires…

Con Sergio pasa algo similar. Lo tiene todo. Absolutamente. Si un golfista necesita tener ciertos dones para ser una leyenda, Sergio los tiene. Excepto la cabeza. El entorno tiene la culpa. El miedo. El conformismo. Nunca es culpa suya. Es de otros. O admite la derrota antes de empezar. No ser ganador. O serlo de manera excesiva que atenaza los músculos y el cerebro. Una transformación. De un futuro brillante a un presente negro por la negación. Westbrook y él tienen esos defectos. Tienen unas virtudes que no poseen el 98% de la población mundial. También unas taras que les convierten en demasiado humanos. Si Westbrook consigue rectificar su camino, su velocidad y su actitud, será un jugador de leyenda. Si no, un gran jugador sin más. Si Sergio decide apretar los dientes y no desfallecer, un español con un Major. Si cree que el mundo está en su contra, un buen jugador con algún triunfo importante(no legendario) sin más. Podrían ser dioses pero no lo son…aún. O no lo serán. Depende de ellos.

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