SPORTYOU

Archivo
17 de enero de 2020 17/01/20

Opinión

Opinión

Nibali gana el duelo al cemento visto


  • 18 de septiembre
    de 2010
  • Daniel Cana

Divertida pero sin repercusión en la clasificación general final. Así se ha definido siempre la etapa “de la sierra de Madrid”, en la que, uno o dos días antes del paseo triunfal por la Castellana, la Vuelta Ciclista a España realiza un recorrido por los puertos de Cotos, La Morcuera, Los Leones y/o Navacerrada, modificado ligeramente cada edición. Salvo en aquella etapa histórica de 1985 en la que Pepe Recio y Perico Delgado consiguieron que Robert Millar perdiera más de seis minutos de ventaja y con ellos el triunfo en la carrera, que marchó destino al palmarés del segoviano, los momentos claves de la ronda española de definían antes de la jornada castellanomadrileña.

Quizá por ello este año, en la 75ª edición de La Vuelta, los organizadores decidieron, al menos sobre el papel del libro de ruta, concederle a la etapa un carácter más decisivo, añadiendo a Navacerrada la guinda de tres kilometros más de subida hacia el Alto de Guarramillas rebautizado para la ocasión como La Bola del Mundo.

Menos de un minuto entre los dos primeros, Nibali y Mosquera, para ser gastado o conservado en rampas de hasta un 20%. Con esos desniveles y si además aparece un viento de cara, el espectáculo previsto se arriesga a quedar en nada, demasiada dureza para establecer diferencias significativas. Pero la cercanía entre los dos favoritos y las bonificaciones en meta convierten la etapa en un acontecimiento.

Los miles de aficionados que se acercan a Navacerrada lo tienen claro: ver el primer paso de la carrera, por la vertiente segoviana, e inmediatamente después acudir al lado madrileño que permite acceso a la meta mientras los ciclistas daban un rodeo por Cercedilla, Los Molinos, Guadarrama y Alpedrete. Apenas treinta kilómetros y los ciclistas han regresado.

Durante toda la jornada los equipos Katusha y Caisse d’Epargne han mantenido una dura lucha en las escapadas por la clasificación por escuadras, animadas por la calidad de Gilbert y la profesionalidad de los corredores de Euskaltel. Pero a cinco kilómetros de coronar Navacerrada por segunda vez la situación ya es la prevista: David García de Xacobeo acompaña a Mosquera, Kreuziger a Nibali. El equipo gallego ha tirado durante todo el día para evitar las escapadas que pudieran minimizar el impacto de las bonificaciones, pero no parece haber desgastado demasiado al líder. A dos kilómetros del alto Frank Schleck inicia el baile y llega el momento: Ezequiel sabe que no puede esperar más y, cerquita de Navacerrada, a cuatro kilómetros de meta, ataca. Atrancado, con el desarrollo máximo, quiere impresionar a Nibali, que cede pero de manera controlada. Mosquera tiene treinta y cuatro años, Vincenzo veinticinco, pero las circunstancias de carrera y el comportamiento de ambos parece indicar lo contrario.

La primera curva que da inicio a la parte final de la subida está aplanada por cemento nuevo, imprescindible para el paso de una bicicleta. Hasta el final, una pista de apenas cuatro metros de ancho, con zonas de firme áspero, descarnado, rugoso como poco, que colabora a que la subida sea más imposible si cabe. Mosquera se levanta sobre el sillín y mantiene el ritmo, con Álvaro Pino desde el coche transmitiéndole toda la energía posible con una tremenda ilusión recogida en este documento de Onda Cero radio. Tiene veinte minutos en los que seguro piensa en su modesta carrera, en un carácter alejado de la competitividad extrema (ésta es sólo su quinta participación en La Vuelta). Nibali sube sentado, sufre, por momentos parece clavado y zigzaguea, pero no se deja ir, pelea por el maillot de líder que suda. Los demás han desaparecido de escena. Nadie por delante, el abismo a los lados.

Por unos instantes, a 1.2 km de meta, en una pared con un 19% de desnivel, la diferencia coquetea con los veinte segundos. Se acerca a los cuarenta y dos necesarios ya que ambos van a bonificar. El público aúlla, cierra el ya de por sí angosto camino pero se comporta modélicamente y no toca a los ciclistas. Pero Mosquera lo ha dado todo y alcanza su límite. Comprende que por detrás tiene a un valiente siciliano que, muy lejos de casa, sabiendo de la subida lo justo, casi todo de oídas, ha resistido. Llegan juntos a meta, bien por los dos. Premio gordo para Nibali; etapa y reconocimiento de la afición para un gallego modesto que por fin obtuvo el protagonismo total, aquel que por ejemplo le negó Alberto Contador en Fuentes de Invierno en 2008, cuando era ingenuo, pobre y desconocido. Ya no volverá a serlo.

Suscríbete a nuestro newsletter

Volver arriba