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21 de julio de 2019 21/07/19

Opinión

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Newport no es Sevilla


  • 02 de octubre
    de 2010
  • Firma Invitada 

Por Javier G. Benavente

Según recitaba, hasta la extenuación, Audrey Hepburn en “My Fair Lady”, la lluvia en Sevilla es una maravilla, pero -con toda seguridad- no piensan lo mismo en Newport, la sede galesa de la Ryder Cup 2010.

La mañana comenzó con pésimas previsiones meteorológicas para la primera parte de la jornada inaugural y, a tenor de lo ruidoso de las abarrotadas gradas del tee del 1, al calor de un ambiente más propio de Anfield Road que de un campo de golf de primer nivel.

La interrupción de la competición, que no se reanudó hasta media tarde, dio como resultado un reajuste general de la misma con respecto a la programación inicial de los partidos; de forma que Miguel Ángel Jiménez, único representante español e integrante del equipo europeo, no podrá debutar hasta la segunda jornada.

Es más que probable que los tiempos muertos provocados por las inclemencias meteorológicas, y que los jugadores han de compartir dentro y fuera del campo, hayan sido aprovechados por los capitanes de ambas formaciones para lo que -en terminología empresarial- se denomina “Team Building”.

A nadie le cabe la menor duda que, en este aspecto, el capitán europeo Colin Montgomerie juega con ventaja respecto a su colega estadounidense. La razón no es otra que el poder contar entre sus filas con el golfista español. Nadie como Miguel para animar a los Hanson, Harrington, Poulter, Kaymer y compañía; de proverbialmente escasa capacidad para animar el ambiente. Tarea en la que Miguel podrá apoyarse, naturalmente, en nuestro compatriota Sergio García que -si bien no compite- si forma parte del equipo europeo como uno de los vicecapitanes a las órdenes de Montgomery.

Una ocasión de lujo para que Miguel pueda aportar un valor añadido a la escuadra europea, no solo por su habilidad en el campo sino también como elemento de cohesión entre los integrantes del equipo. No se trata de una fácil recurrencia a la conocida simpatía y alegría andaluzas. En el caso de Miguel es algo mucho más profundo, hablamos de calidad humana.

Resulta evidente que todo factor no previsto en cualquier competición deportiva de alto nivel, como puede ser la interrupción por lluvia en este caso, genera en los deportistas reacciones cercanas a la frustración, al desánimo, al mal humor, etc. que pueden afectar muy negativamente a su concentración y -por tanto- a su rendimiento. Lo que no escapa a capitanes, entrenadores, etc.

A menudo se habla, en términos de fútbol, sobre la importancia de “jugar sin balón” en beneficio del equipo y al margen del éxito individual de la estrella de turno. Por lo que respecta al golf, cuando se trata de una competición colectiva como la Ryder Cup, diríamos que su equivalente podría ser “jugar sin palo”; en lo que Miguel es un auténtico maestro y Montgomery lo sabe.

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