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20 de septiembre de 2020 20/09/20

Opinión

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Nash, tributo a la sencillez


  • 30 de mayo
    de 2010
  • Daniel Cana

Para la gran mayoría de aficionados a la NBA, para el comisionado Stern, para los medios de comunicación y las audiencias televisivas…ya tenemos la final más deseada: Lakers vs Celtics. La decimosegunda vez en la historia que se jugarán el título, con nueve títulos para Boston, el último en 2008. No era difícil preveer que Los Angeles estarían en la Final. Sufrieron en primera ronda ante el desparpajo de Durant y sus Thunder, vapulearon a Utah con un gran Pau Gasol y han disfrutado de una de las mejores versiones de Kobe Bryant para eliminar a Phoenix: líder, no tirando más de lo necesario pero anotando con estupendos porcentajes en todos y cada uno de los momentos en que su equipo lo ha necesitado. Incluso, supongo que junto a Phil Jackoson, logró sumar a Ron Artest a la causa. Por su parte, los Celtics han rescatado todos los remedios y pócimas caseras de sus antepasados irlandeses para retrasar un año más los efectos del paso del tiempo en gente como Garnett, Allen, Pierce o Wallace…si bien el ingrediente Rajon Rondo resultó fundamental. Ni Wade con Miami, ni Howard con Orlando, ni por supuesto LeBron y sus Cavs lograron detenerlos. LB James será el gran ausente mediático de la serie definitiva, pero hoy, con la derrota aún caliente, se impone el recuerdo para, seguramente, el mejor base de la última década y un verdadero maestro de este juego llamado baloncesto: Steve Nash.

Dos veces nombrado MVP de la Liga, siete veces all-star, líder en muchas temporadas en asistencias, a sus treinta y seis años no ha conseguido jugar una Final ni con Dallas ni con Phoenix, sus dos equipos en su carrera NBA, pese a jugar 118 partidos de playoffs. Él hizo mejores a muchos de sus compañeros de equipo, como Amare Stoudamire (cuya progresión habrá que seguir con suma atención si finalmente este verano abandona los Suns como agente libre), pero su lealtad, sobre todo a los de Arizona, le ha impedido optar por un anillo con más regularidad. Sin embargo seguro que eso no le impedirá en un futuro ser miembro del Hall of Fame y, sobre todo, dejar un legado ejemplar. Sí, treinta y seis años, y muchos problemas de espalda que nos recuerdan al Larry Bird de su última época como jugador tirado en el suelo sin poder sentarse en el banquillo, pero todavía muy capaz de liderar al equipo más ofensivo del campeonato y de aportar lustre al run & gun. Bote y bote, con ese trotecillo aparentemente inofensivo pero que en segundos se convierte en un tiro limpio o en una asistencia mágica para el compañero mejor situado, continúa siendo un placer verle jugar.

Criado en una familia de deportistas, es lo más alejado al típico status de un jugador NBA. Apasionado seguidor del fútbol (su padre nació en el barrio londinense de Tottenham y le inició en una afición que también practicaría en la universidad), parece más un europeo despistado que una súper estrella del deporte estadounidense. Muy integrado en la comunidad de Phoenix y en la de British Columbia de Canadá, donde estudió, creó una fundación destinada a proyectos de salud, educación y defensa legal para niños y adolescentes. Solidario y muy a menudo políticamente incorrecto, ha hecho de la sencillez su modo de vida. La mejor definición, de algún compañero de profesión, seguro que le gustaría a Steve: “Es sólo un buen tipo”. Y un extraordinario jugador de baloncesto.

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