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19 de julio de 2019 19/07/19

Opinión

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Nadal y el público: matices a unos silbidos sin importancia


  • 05 de junio
    de 2009
  • Antonio Toca

Esto es una réplica a la entrada de Frédéric Hermel donde daba su punto de vista sobre los silbidos a Nadal en Roland Garros.

A la hora de hacer un análisis de una situación determinada, conviene no dejarse llevar por lo que se puede ver en la televisión, ni acotar el ejemplo a unos casos puntuales que vienen acompañados de matices. Las mismas, imágenes de televisión y ejemplos usados, pueden llevar a engaño, porque se muestran cosas que suceden en la competición, pero no se muestra la trastienda, aquella que dice que el jugador que despierta mayor seguimiento y admiración en las pistas de entrenamiento es Rafael Nadal. Si se supone que cae mal a la gente de Roland Garros, como afirma Frédéric Hermel en su texto, ¿cómo es posible que suceda lo segundo? Si alguien no cae bien, nadie se va a acercar a verle entrenar. Si ocurre lo contrario, será porque despierta admiración. Otra cosa es que lleve cuatro años sin perder un partido, y se de el caso, como ocurrió en el partido contra Soderling, que el público pueda llegar a ver algo histórico. ¿Qué pensar? Que los espectadores tenderán a ponerse del lado del más débil, principalmente porque nadie quería ver otro paseo del español. Y es ahí donde la gente presiona y silba.

Las imágenes mostraron que el público francés, en el partido de Federer contra Monfils, apoyaron al suizo, a pesar de jugar contra el único tenista francés que ha mostrado opciones de llegar lejos en su torneo. ¿Les caía mal Monfils? No lo creo. ¿Les cae mejor Federer? Tampoco lo creo, simplemente que el público sabe que con el suizo en liza y avanzando hacia la final, puede ver también un acontecimiento histórico.

Imagino que, cuando Adriano Panatta estaba a punto de ganar por primera vez en Roland Garros a Bjorn Borg, el público animaría al italiano y se echaría encima del sueco. ¿Por qué? La respuesta es simple, porque iban a vivir un momento que no había tenido lugar desde que sueco de hielo debutó en París. Y nadie dijo que Borg le caía mal al público de Roland Garros.

Gustavo Kuerten, brasileño ganador en tres ocasiones del torneo, y el único jugador que desde 1993 ha hecho sombra en cuanto a títulos a la armada española, fue alguien que encandiló al público parisino. ¿Dejaron de silbarle cuando dominó el torneo durante tres años? No. Y su carácter, por accesible, es parecido al que despliega Nadal.

Volviendo a los ejemplos de Frédéric Hermel, y a la idea que trato de defender en estas líneas. Steffi Graf era querida porque no dominó Roland Garros con puño de hierro, cierto que ganó el torneo 6 veces, pero nunca más de dos años seguidos. Tuvo que jugar contra tenistas campeonas, hablando de ganadoras del torneo parisino como Mónica Seles y Arantxa Sánchez Vicario. Y en concreto, rizando el rizo, el año de su último partido, final que ganó a Martina Higins, contó con el apoyo del público porque era el rival débil, y la suiza cometió el error de protestar y ponerse al público en contra, hasta el punto, que ese apoyo le servió a Steffi para remontar el partido, que tenía perdido, y ganar la final. ¿El público francés la quería? Bajo esas circunstancias, sí, sobre todo pasados tres años de su última final. De ahí la portada. Steffi tenía mucho que agradecer tras ese partido. Y más, si otros años no la apoyaron tanto.

Lo de Leconte es otro cantar. Estaba enfrentado a Noah, y eso el público no se lo perdonó, más si jugó una final horrible frente a un Wilander intratable ese año en París. ¿No le caía bien al público? Cuestión de partidarios de un comentario equivocado. Sin embargo, años después fue el héroe en una final de la Davis ganada en suelo francés a USA… y de nuevo encumbrado. ¿Es equiparable a Nadal? Si hubiera dominado con mano de hierro el torneo, sí. No es el caso. Imagino, como hubiera sucedido con Borg si éste hubiera llegado a despedirse en la pista, que el público francés hubiera reaccionado con el sueco como lo hizo con Steffi. Y entiendo que con Rafa terminará por suceder algo parecido.

No se trata de caer bien o mal, por unos silbidos. O de restarle importancia ante una falta de respeto de un jugador que siempre ha primado Roland Garros por encima de cualquier competición. Se trata, más bien, de aburrir al personal con la misma persona ganando un año sí, y otro también, el torneo. Es así. Además, Nadal tampoco llora. Cuestión de imagen.

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