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12 de agosto de 2020 12/08/20

Tenis

“¡Hay un tipo desnudo en mi taquilla!”

Michael Llodra, hoy comentarista televisivo, es un tenista del siglo pasado que no juega un partido desde noviembre de 2014. Profesional de la raqueta desde 1999, defiende impertérrito un juego de saque y volea completamente desterrado del circuito. Es un guerrero, un carácter indómito que protege su idiosincrasia a capa y raqueta. Un artista de […]


9 de junio de 2015 TENNISTOPIC - Sportyou



Michael Llodra, hoy comentarista televisivo, es un tenista del siglo pasado que no juega un partido desde noviembre de 2014. Profesional de la raqueta desde 1999, defiende impertérrito un juego de saque y volea completamente desterrado del circuito. Es un guerrero, un carácter indómito que protege su idiosincrasia a capa y raqueta. Un artista de la broma, ensalzada a capa y picardía. Si se la haces, la pagas…

Lo avisó Dmitry Tursunov: “Nosotros hacemos el tonto en los vestuarios y Michael Llodra es una de las mejores víctimas. Pero el problema es que cuando te metes con él, normalmente te la devuelve aún peor. ¡Sus bromas crecen y crecen! Me echó agua en el entrenamiento, así que puse un plátano en su raquetero y lo chuté varias veces para aplastarlo dentro. Sé que me he metido en un lío y tendré problemas…”. Desconocemos la respuesta de Michael a tamaña afrenta, pero la represalia no será proporcionada.

Jugarretas, trastadas y faenas. Su pasatiempo favorito. Un truhan disfrazado de gentleman. Otra de sus víctimas fue Sergiy Stakhovsky en Melbourne. “Escondí sus raquetas justo antes de su partido, pero es la última vez que le hago algo. Contraatacó lanzando mis calzoncillos al tejado de la oficina de transporte… ¡y era transparente! Así que mi ropa interior sucia estaba a la vista de todos. No fue agradable”.

¿Se atreverá Llodra con las estrellas del circuito? ¿Llevará su picardía a los escenarios sagrados del tenis? ¿A Wimbledon? “Es exactamente lo mismo (risas). Incluso en los mejores torneos del mundo tengo que ser yo mismo y hacer mis bromas. Incluso a Roger [Federer]… Tenéis que conocer mejor a Roger; es un tipo diferente en la pista y fuera de ella. Somos de la misma edad, me conoce perfectamente y sabe que soy capaz de todo…”. ¿Y Djokovic? “Hace mucho tiempo puede que respondiese, pero ahora ya sabe que estoy más loco que él, y no puede. Todos saben que me encanta hacer bromas y Novak es un buen tío, así que si me apetece hacerle algo, no os preocupéis que lo haré”.

Chanzas, burlas y guasas. Aunque conlleven perder la ropa, como en la celebración del Abierto de Australia 2004, que ganó junto a Fabrice Santoro en la categoría de dobles, poco antes de que camisetas, pantalones, zapatillas, calcetines… y casi calzoncillos acabasen en las gradas de la Rod Laver Arena. “En una de las celebraciones más descaradas nunca vistas en un gran torneo de tenis…”, empezó la crónica de la CNN aquel 31 de enero. “Fue algo improvisado. Sólo íbamos a quitarnos las camisetas, pero el público pedía más y más”.

No es el único striptease que Michael ha regalado al circuito. Si preguntan a cualquier tenista, pocos habrán olvidado lo que sucedió en Cayo Vizcaíno allá por 2005. Diez menos diez de la mañana. La jornada matinal del Masters Series de Miami está a punto de empezar. Ivan Ljubicic entra al vestuario para darse una ducha antes de su partido ante Vincent Spadea y se encuentra sus cosas en el suelo, a los pies de su taquilla. No entiende nada. La puerta está ligeramente entreabierta, pero nunca podía imaginar lo que le esperaba dentro… ¡Michael Llodra le está mirando completamente desnudo!

“¿Qué demonios estás haciendo aquí?”. “Me concentro para mi partido”. “Son las diez menos diez, y juegas a las diez”. “Estoy intentando coger energía positiva de ti. Estás ganando muchos partidos este año (risas)”. Palabra por palabra, sin licencias periodísticas y con el croata boquiabierto. “Aluciné. Aluciné por completo. Hay un tipo desnudo en mi taquilla. Quiero decir, la taquilla, es una taquilla pequeña. No es nada fácil entrar dentro, os lo prometo. Y él no es un tipo pequeño. Muy flexible, muy flexible. Desnudo…”. Horas después Ljubicic aún no encontraba una explicación a lo sucedido, pero había aprendido la lección. “Ahora, cuando vaya a abrir mi taquilla, voy a hacerlo siempre muy despacio. Después de esto, no sé qué voy a encontrarme dentro”.

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