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14 de agosto de 2020 14/08/20

Opinión

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Mestalla saca pecho


  • 25 de noviembre
    de 2011
  • Dani Meroño

¿Mano o pecho? Eso es lo que se preguntaban todos los aficionados que salían del campo de Mestalla el pasado sábado tras el Valencia CF-Real Madrid. Unos eran más de manos y otros preferían el pecho en una jugada que pudo decidir un disputado partido que acabó llevándose el conjunto merengue por la mínima –y que dejó a la parroquia de Mestalla bastante cabreada–.

Por eso el partido de Liga de Campeones ante el Genk debía servir de revulsivo, tranquilizante y bálsamo en una semana bastante difícil para el valencianismo. Pero la tarde europea empezó mal, muy mal. Voro, delegado del Valencia CF, confunde a Piatti con Feghouli –por difícil que parezca– y facilita una alineación errónea al delegado arbitral de la UEFA que, a su vez, impide deshacer el error. El argelino sería titular para enfado de un Piatti con ganas de reivindicarse.

Había que sumar al cúmulo de despropósitos un húmedo y blando terreno de juego que había estado en boca de todos durante toda la semana. Tras replantarlo la semana previa al partido contra el Real Madrid, la lluvia había dañado el asentamiento del pasto y a punto estuvo de suspenderse el partido de no haber cesado la constante y espesa lluvia que caía sobre Valencia.

Todo hacía presagiar una debacle europea en un Mestalla encendido por el cúmulo de situaciones deportivas –y extradeportivas– que se habían sucedido hasta el momento. Pero el equipo no estaba por la labor. La plantilla dio una clase de efectividad, constancia y buen hacer. Sobre todo a la hora de celebrar el gol de Jonas, donde Tino Costa y el propio brasileño decidieron taparse la boca y agitar los brazos de forma curiosa. “Dando de comer a los pollos” decían unos; “Haciendo el elefante” apuntaban otros. Pero lo cierto es que la celebración venía a colación de una broma en el hotel de concentración donde, tras una broma de los brasileños Diego Alves y Jonas asaltando la habitación de los argentinos Tino Costa y Piatti, éstos últimos decidieron invadir la habitación canarinha y vaciar un extintor por completo. Broma pesada que no gustó a las empleadas del hotel de concentración que –como si fueran niños pequeños– les hicieron limpiar toda de cabo a rabo.

Y llegó el segundo, tercero, cuarto, quinto –el Valencia por fin tenía la manita tan deseada el fin de semana anterior– el sexto y finalmente el séptimo –con triplete para Soldado–. El valencianismo ya disfrutaba con una victoria que les aupaba prácticamente a octavos. Todo estaba saliendo a pedir de boca pero, lo que podía haber sido una noche mágica, se quedó únicamente en una buena noche. Un error defensivo del Chelsea ante el Bayer inclinaba la balanza para los de Leverkusen y complicaba las cosas para los de Emery de cara a su visita a Londres.

Pero eso ya daba igual. Porque el Valencia había ganado 7-0 y eso no pasa todos los días en la parroquia valencianista de la avenida Suecia. Porque mientras una semana antes ardía Mestalla y se hablaba de penaltis, robos y manipulaciones; ahora se prefería tirar de orgullo y coraje. Porque, cuatro días después, el partido contra el Madrid ya era historia y la afición había cambiado de idea. Mestalla prefería sacar pecho.

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