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20 de septiembre de 2020 20/09/20

Opinión

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Los mejores peores Juegos Olímpicos de la historia


  • 21 de agosto
    de 2016
  • David Sánchez de Castro

Los Juegos de la XXXI Olimpiada tocan a retirada. Río ha estado muy lejos de Londres, tanto en espectáculo como en organización (la piscina que emocionó a Spielberg), pero ha dejado imágenes imborrables, momentos únicos y muchas horas de sueño perdidas por pura pasión por deportes que, tengo que admitir, no sigo con toda la pasión que me gustaría en período de olimpiada (que es el que va de unos Juegos a otros).

Con la ceremonia de clausura se difuminarán los nombres que estos días han convivido con nosotros. Los Mo Farah, Katie Ledecky, Simone Manuel o Eleutherios Petrounias darán paso a los habituales Cristiano Ronaldo, Messi, Fernando Alonso, Marc Márquez (muy bien MotoGP calzando dos carreras en medio de los Juegos… en fin…) o José Mourinho, de manera inevitable. El año que viene hay Mundiales de Natación en Hungría, tierra de la emperatriz Hosszu, y la Diamond League aún le quedan cuatro citas, pero no nos engañemos: ni ustedes ni yo vamos a vivir con tanta intensidad todo lo polideportivo como estos días. Yo me quedo con la khalessi entre los reyes de Rio: Simone Biles. Para mí, sin discusión, es el personaje de estos Juegos Olímpicos. Menos de metro y medio de puro espectáculo, y que garantiza aún más en Tokio.

Párrafo aparte se merecen los agoreros españoles. El país más esquizofrénico del lado occidental del mundo es capaz de despreciar y elogiar a la vez a Carolina Marín por su “quítame allá esa lesión”, no dudó en pedir explicaciones al Comité Olímpico Español y al Consejo Superior de Deportes al tercer día sin medalla. Pues bien, como me decía mi amigo Antonio Martínez Ron (uno de los mejores divulgadores científicos de España y un cachondo mental), esos deben estar ya en la playa: España no sólo ha igualado las medallas de Londres, sino que no se conseguían tantos oros desde Barcelona’92.

Pero no nos engañemos: a España le queda un largo camino por recorrer. Que el brillo de los siete oros no tape el pobre resultado en la piscina (gracias Mireia), las constantes eliminaciones en fase de grupos en el estadio de atletismo (gracias Orlando y Ruth) y los nombres que apenas han aparecido más que en un tuit o dos para contar que caían en primera fase. El camino aún es largo. Poco a poco las instituciones, públicas y privadas, están empezando a apostar por deportistas jóvenes, pero también tiene parte de responsabilidad el pueblo: si tu hijo quiere nadar, ¿por qué no le llevas a una de las muchísimas piscinas que hay repartidas por todo el país? ¿por qué no le apuntas a un club de atletismo, que vale mucho menos que el equipo de futbol de tu barrio? Como leía en uno de esos repetidos memes: el 80% medallas en los Juegos son culpa de un ‘Paco, vamos a apuntar al niño a actividades extraescolares’.

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