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24 de septiembre de 2018 24/09/18

Opinión

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Subid al carro de Verstappen, aún hay hueco


  • 06 de diciembre
    de 2015
  • David Sánchez de Castro

Max Verstappen

Max Verstappen, el adolescente con acné que corre más rápido de lo que lo has hecho tú en tu vida, querido lector, logró un particular hat-trick en la gala de entrega de premios de la FIA: le nombraron ‘rookie del año’, su adelantamiento a Nasr en Spa Francorchamps ha sido la ‘Acción del año’ y fue nombrado por los fans de la Fórmula 1 como la ‘personalidad del año’, por encima del tricampeón Lewis Hamilton. Madre mía los ‘haters’, que diría aquel.

Conocí a Verstappen en Jerez a principios de este 2015. Su nombre había levantado un gran revuelo en el mundo de la Fórmula 1, sobre todo por su juventud. ¿De verdad la Fórmula 1 se había vuelto tan ‘fácil’ como para que un imberbe de 17 años pueda subirse? ¿Era un golpe de marketing, como decían desde los nidos esos halcones cegatos que no ven más allá de la bandera española, para fastidiar a Carlos Sainz? ¿Es de verdad el nuevo Ayrton Senna, como se apresuraron a decir desde Red Bull? Necesitaba tenerle delante de mí.

Nuestra conversación duró unos pocos minutos. Le ‘cacé’ en la entrada al motorhome de Toro Rosso, junto a su padre Jos. Pocos de los fans que paseaban le hacían caso, y más allá de unos cuantos autógrafos, él estaba relajado. Me acerqué, y nada más ver cómo le abordaba, me sonrió. “Buena señal”, me dije para mis adentros. Pero no, le habían leído bien la cartilla: nada de hablar con los periodistas si no había permiso y filtro de los responsables de prensa. No me contestó a nada ‘jugoso’, pero sí pudimos compartir impresiones sobre el trazado de Jerez. Le desee suerte y nos emplazamos para Montmeló, unos días después, donde me prometió que me diría algo más. De ese primer contacto, me quedo con dos cosas: lo ilusionado que se le veía a la hora de explicar sus sensaciones y cómo su padre no metió baza en la conversación en ningún momento. Da gusto hablar con un joven deportista sin que tenga a una mosca ‘cojonera’ al lado.

Max VerstappenTras verle rodar en Jerez, trazar por donde nadie se atrevía y hacer unas cruzadas que ya quisieran muchos, se confirmaron mis sospechas: este chico tenía ‘algo’. Ese factor X, esa intensidad, esa intensidad en la Fuerza, si quieren los más freaks (entre los que me incluyo). Sabía que ese niño me iba a hacer levantar del asiento muchas veces a lo largo de la temporada.

En Montmeló, cuando todo el mundo aún estaba con el dichoso accidente de Alonso, pude entrevistar a Xevi Pujolar, el ingeniero español que ha sido la voz de Verstappen durante su primer año en Fórmula 1. Quería saber cuáles eran las primeras impresiones de un hombre que lleva muchos años en Fórmula 1 y que, en su momento, llevó a un tal Fernando Alonso en el karting. Precisamente me confesaba que le recordaba al español porque es “extremadamente profesional”. “Sabe muy bien lo que quiere y lo que necesita para ir rápido en un coche. Eso es lo que nos gusta y nos impresiona”, me decía, con una media sonrisa, para acabar con un “es increíble”.

Nueve meses después, pocos son los que dudan del talento innato de Verstappen. Algunos sí dudan, pero porque tienen mermadas sus capacidades y eso no es para reírse, sino para pedir ayuda y una paguita. Quizá no sea campeón del mundo nunca. Pero, qué quieren que les diga, Gilles Villeneuve, Ronnie Peterson o François Cevert tampoco lo fueron (por desgracia se quedaron sin tiempo) y a día de hoy pocos dudan de que son tres de las mayores leyendas de los 65 años de Fórmula 1. Los pobres que aún no se han subido al carro de Verstappen se han perdido  ya mucho, pero les hago un hueco. Les aseguro que serán más felices.

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