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30 de noviembre de 2022 30/11/22

Opinión

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Un malvado diablo llamado ‘LuciFred’ Vergnoux


  • 11 de agosto
    de 2016
  • Iñaki Cano

Después de ganar la medalla de plata en Londres, Mireia Belmonte estaba feliz, pero no tanto como ella había soñado y como le hubiera gustado. ¿Alguien puede entender que ser subcampeona Olímpica no sea suficiente motivo para estar inmensamente alegre? Solo ella y su gente más cercana sabían que @miss_belmont quería más.

Mireia sabía que en los Juegos Olímpicos de Río 2016 tendría 25 años, que a su lado nadarían chicas mucho más jóvenes y que repetir la gesta de Londres sería mucho más complicado y difícil. Sin embargo, no la importaba sufrir otros cuatro años. Ella quería cumplir el sueño que anhelaba desde que se cayó a la piscina siendo una niña por un problema de espalda.

‘La Belmonte’ le dijo a su entrenador, @FredVergnoux, que quería ganar el oro olímpico en Río y él, más duro que nunca, la avisó: “Para conseguirlo, deberás bajar al infierno de los sufrimientos y, aún así, no te garantizo que lo consigas”. Mireia acepto el reto del ‘demonio Vergnoux’ y se sumergió en las tinieblas de los entrenamientos mucho más duros que personalmente ‘sufrí’ en el CAR de Granada. Un infierno, curiosamente, que no está bajo nuestros pies sino a más de 2.300 metros por encima de nuestras cabezas.

Un día tras otro, 364 al año, sólo descansa uno. Ella trabajó el doble que en la preparación para Londres 2012 y sufrió especialmente debajo del agua, donde Belmonte no era mejor que sus rivales. Su ‘Diablo’ Vergnoux la machacó más de lo normal para que aguantara en apnea más tiempo. Fred sabía que si mejoraba en los giros por debajo del agua, sería la mejor en Río. Los primeros destellos del preciado metal olímpico comenzaron a brillar y estar al alcance de sus manos en los mundiales de Doha.

Del desierto salió convencida de que todo era posible si bajaba aún más a los infiernos. Siempre se fío de Fred Vergnoux y estaba dispuesta a quemarse con las llamas de las tinieblas que ‘El Diablo’ la había advertido. Siempre de su mano, se sumergió horas y horas en el averno para abrazar en Brasil la recompensa de su vida. Una recompensa personal, pero que nos hizo millonarios en felicidad a los españoles que estábamos despiertos en la madrugada del miércoles 10 al jueves 11 de agosto 2016.

Gracias, Mireia Belmonte, por hacer gozar a un todo un país. Gracias por haberme permitido al menos por un día bajar a los infiernos del ‘Diablo Vergnoux’ para poder apreciar mucho mejor la medalla de Oro que ganaste en Río 2016. Gracias a Julia Luna y a Javier Soriano por gritarme centésima a centésima los 200 metros de una mariposa que voló en Río de Janeiro sobre y bajo las aguas de la piscina Olímpica en una noche histórica para nuestro deporte. Y por último, gracias Fred Vergnoux, porque después de esa medalla, ya no le temo a las tinieblas ni al mismísimo Diablo.

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