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22 de septiembre de 2021 22/09/21

Opinión

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Los transistores de LaLiga regresan a nuestras vidas


  • 14 de mayo
    de 2021
  • Iñaki Cano

Cuando llegan las últimas jornadas de LaLiga regreso al pasado y me emociono. El final del campeonato doméstico de la regularidad, me rejuvenece porque volvemos a esos transistores que cantaban goles en los campos de los rivales y que salvaban o hundían en la Segunda División a quienes se mordían las uñas en los banquillos. Esas ligas de Tenerife o A Coruña. Ese descenso del Atlético de Madrid en Oviedo por culpa en parte de Esteban que le paró un penalti a Hasselbaink. Ese gol de Tamudo que pasará a la historia como ‘El Tamudazo’ que a los paseantes del Retiro madrileño ensordeció por el grito de una parte de la ciudad que se hizo para siempre del RCD Espanyol.

La misma emoción que volveré a sentir en estas dos últimas jornadas de la Primera en las que LaLiga sigue muy viva y eso que algunos ya se la habíamos dado al Atlético de Madrid en el mes de diciembre. Los ‘transistores’ y los ‘insides’ volverán a ponernos de los nervios buscando a los campeones y a los que descienden o se salvan. En aquellos ‘años pobres’ sin las grandes recompensas por derechos televisivos que reparte Javier Tebas, el fútbol si que era del pueblo.

Un pueblo reunido en torno a un transistor que cuando escuchaban el pitido del gol y al narrador decir: «Pi, pi, pi… gol en las Gaunas, gol del…» Ahí el corazón se paraba y el después, era una explosión de alegría o cientos de lágrimas porque los tuyos no seguirían entre los grandes del fútbol español. No quiero recordarles como vivieron en Madrid aquellas ligas de Tenerife y los que las vivieron, les aseguro que sus transistores salieron volando por las ventanas al escuchar las fiesta en el Camp Nou celebrando un campeonato que les llegó por las ondas radiofónicas dejando fotografías para la historia. En Pucela una de las imágenes de nuestras vidas fue la de Juanito abandonando el viejo Zorrilla de rodillas hasta que la radio cantó el gol de Zamora en el estadio del Molinón a falta de 30 segundos para el final y que le daba LaLiga a la Real Sociedad.

Prefiero aquellos años de emoción futbolera a estos en los que te sientas a las 12.00 horas delante del televisor como si fueras un ‘chino’ y te quedas escuchando por la radio o viendo por la tele, los partidos de LaLiga hasta las 23.00 horas comiéndote un partido tras otro como si fueran una bolsa de pipas donde sólo se emocionan los seguidores de cada uno de los equipos. Los demás, ‘ni fú ni fá’ hasta las dos últimas jornadas donde se la juegan todos y hasta a los más imparciales les gusta ganar y lloran por los perdedores.

Estoy preparado para perder un par de kilos por culpa de los nervios y de la emoción de escuchar a los diferentes programas radiofónicos o los ‘insides’ televisivos que cada día tienen más adictos. Dos domingo como antaño. Dos domingos en los que las uñas de las manos pueden desaparecer a base de mordiscos nerviosos por goles de salvación y por triunfos que valgan un campeonato. Estaré enganchado a las televisiones y a las emisoras de radio en mi ‘nave de trabajo espacial’ construida en la pandemia, viviendo el final de LaLiga del siglo XXI como si fuera el XX. ¡Qué ganas!

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