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Baloncesto

Los Spurs, la Longoria, las victorias y las dinámicas

Desde que el hombre es hombre, hay un fenómeno que puede devastar al individuo de una manera directa y rápida. El ser humano no es invencible ante las rupturas sentimentales. Desde el inicio del interés hacia otros seres en el ámbito amoroso y sexual, el hombre puede llegar a cambiar sus rutinas y su vida […]


24 de noviembre de 2010 Iñaki Cano Martínez - Sportyou

Desde que el hombre es hombre, hay un fenómeno que puede devastar al individuo de una manera directa y rápida. El ser humano no es invencible ante las rupturas sentimentales. Desde el inicio del interés hacia otros seres en el ámbito amoroso y sexual, el hombre puede llegar a cambiar sus rutinas y su vida en busca de la felicidad. Y cuando la encuentra, ese individuo se siente poderoso.

Sin embargo, cuando esa búsqueda empieza bien pero, pasado un tiempo, termina mal, las consecuencias son casi siempre negativas. Desde el exagerado momento cinematográfico de la persona tirada en el sofá durante semanas comiendo helado hasta la sensación de vacío real, el ser humano pasa por varios estados de ánimo, todos reales… y todos ficticios al mismo tiempo.

Esta reflexión sobre la vida y el amor viene muy al caso para el tema extradeportivo de la NBA en los últimos días: la separación de Eva Longoria y Tony Parker. Todos los medios, deportivos y no, hablaban del tema. Debatían sobre varios aspectos de la ruptura y conocíamos la cantidad de mensajes que envía Parker a la supuesta amante. Conocíamos también que la Longoria podía haber tenido un affaire con un ex jugador de los Spurs. Que si era la mujer de un compañero, que si los tatuajes, que si tal, que si cual… un show digno de la mejor telenovela.

Parker debe estar dolido por todo lo que se ha montado y, sobre todo, porque su búsqueda del amor parecía terminada como en el cuento pero que no ha sido así. Cualquier ser humano estaría devastado. Y el francés seguro que si pudiera, estaría en el sofá viendo pelis de Julia Roberts y/o de Meg Ryan, comiendo helado de chocolate. Pero la competición es lo que es y ahí entran en juego las dinámicas y la compostura.

Me imagino a un Parker en casa, desayunando solo. Mientras toma un café se queda con la mirada perdida. Se sube a su coche y mientras conduce hasta el entrenamiento, sigue con la mente en blanco. Un zombi. Llega al vestuario y nadie quiere molestarle. Alguno le da un abrazo y poco más. Al despechado no es necesario agobiarle. Pero la historia cambia cuando se pone la ropa de trabajo. El francés, más listo que el hambre, sabe perfectamente que su mal momento anímico no puede afectar al equipo.

Los Spurs han llegado hasta las diez victorias consecutivas jugando muy bien y dando la sensación habitual que nos dejan los tejanos allá por el mes de marzo… pero en noviembre (aquí podría decir que los culpables son los Heat y su efecto dominó). Desde el banquillo, Popovich ha creado una dinámica positiva para que todos los elementos externos no afecten.

Parker está cuajando unos números de kraft, acorde a su condición de estrella NBA. No parece que nada de lo de fuera le afecte dentro. Probablemente, el francés haya querido centrarse en lo que mejor sabe hacer. Y, por supuesto, que su momento sofá con helado y música de Michael Bolton no afecte a su trabajo. Es de una lógica aplastante. Me centro en lo mío y ya pasará la tormenta.

Otra cosa hubiera sido que Parker fuera jugador de los Knicks o de los Clippers por ejemplo. Ya os digo yo que si la dinámica no fuera buena, el francés iba a estar “hecho un trapo”. De ahí la importancia de las dinámicas. Se llevan todo lo malo por delante. Cuando todo va bien, hasta el compañero con el que no tienes una relación fluída, es candidato a ser invitado a tomar algo después del partido.

Las dinámicas son capaces de hacer olvidar al individuo que su vida personal se ha desmoronado. Tienen la habilidad de levantar el ánimo de cualquiera y transformar las mentes y los cuerpos del ser humano. Los Spurs tienen esa dinámica, aunque pierdan en esta semana, metida en el cuerpo y en la cabeza. Por eso ganan. Por eso Parker no parece triste en la pista. Por eso son uno de los mejores equipos de la NBA en estos momentos. Por eso, a la Longoria le duele más todavía la ruptura (y quitarse los tatuajes con motivos “parkerianos”).

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