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20 de noviembre de 2018 20/11/18

Opinión

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Los milagros existen


  • 13 de abril
    de 2012
  • Dani Meroño

Era un partido decisivo, un momento crucial. El Villarreal tenía que ganar para no descolgarse en la lucha por la salvación en la Liga BBVA pero, como tantas veces ha pasado esta campaña en casa, las cosas no funcionaban. Tras una primera parte muy irregular, la segunda comenzó de la peor forma, con gol –casualidades de la vida– del ex amarillo Santi Cazorla. Un futbolista que no celebró el tanto, a sabiendas del daño que suponía para el club de sus amores.

Pasión, por otro lado, que dejaba de existir en un estadio frío, congelado ante la gravedad de la situación en la que se adentraba un club que hace tan sólo unos meses jugaba la Champions League. Una auténtica pesadilla, un sueño del que no son capaces de despertar. Pero no todo estaba perdido, había que intentarlo y de las muchas ocasiones algo saldría. Dicho y hecho. En una de tantas, Hernán Pérez –el hombre del partido– es derribado por Kameni dentro del área y el árbitro sentencia: “Es penalti y expulsión. Es clarísima así que no proteste”.

Una oportunidad y un momento a la altura de los más grandes. Una situación de responsabilidad para un gran jugador como es el caso de Marcos Senna, quien cogió el balón y no dudó ni un instante. Fuerte y por el centro. Uno a uno y todo por decidir.

El empate valía, sí, pero dejaba insatisfecha a una parroquia amarilla que necesita los puntos como el comer. Fue entonces cuando un rechace cae en los pies de un casi desconocido para el gran público como es Hernan Pérez. Un jugador que ha pasado inadvertido toda la temporada pese a ser un fijo en la selección paraguaya de fútbol. Un minuto, un tiro y un balón que acaba entrando en la malla defendida por Rubén, tras un zapatazo del jugador del jugador guaraní, a falta de diez segundos para que concluya el encuentro.

El éxtasis llega a El Madrigal. Los aficionados lanzan sus paraguas, los futbolistas se abrazan en torno a Hernan y, en el palco, Fernando Roig y su hijo Fernando Roig Nogueroles, se funden en un cálido abrazo a un José Manuel Llaneza al que le saltan las lágrimas tras la gesta. El Villarreal había remontado, hay vida después de la muerte.

Porque aunque no se haya ganado una Champions, una Copa del Rey o una Liga BBVA, a veces un gol en el último minuto es más que eso. Es la mayor alegría del mundo. La tranquilidad, por una vez, de saber que la suerte ha estado de tu lado. La certeza de saber que los milagros existen.

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