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7 de febrero de 2023 7/02/23

Opinión

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Los Juegos de Michael Phelps


  • 18 de agosto
    de 2016
  • Paco Navacerrada

Michael Phelps ya no volverá a tirarse a una piscina para competir. Lo anunció después de ganar su última medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Río 2016. Fue su vigesimaoctava presea, la vigesimatercera de oro. Se dice pronto: 28 medallas en cuatro Juegos Olímpicos. Porque Phelps lleva ganando medallas desde Atenas 2004. Era yo mucho más joven que ahora cuando Mark Spitz se colgó en los Juegos de Múnich en 1972 siete medallas de oro. De aquella gesta se aseguró que sería imposible de superar. Pues se superó. Vaya si se superó.

Porque para Michael Phelps no ha sido sencillo competir en Río de Janeiro. Después de Londres, en 2012, el de Baltimore también optó por la retirada. Y parecía retirado. Tuvo un hijo, se dedicó a vivir la vida, se sabía de él por sus andanzas nada recomendables. Pero recapacitó y decidió volver. Todos los que disfrutamos de sus éxitos nos congratulamos con esa decisión. Porque regresar a la competición conllevaba riesgo, el riesgo de la derrota, de no volver a ser el mejor. Sin embargo, su gen competitivo pudo más y volvió y el resultado no ha podido ser mejor para él: otras seis medallas, de las cuales cinco fueron de oro.

Sin duda, la gran estrella de estos Juegos de Río 2016 es Michael Phelps. Podrá haber otros, pero ninguno como él. Aquí sí que estamos ante el hombre que tardará en ser superado. Pasarán los años, llegarán más nadadores y otros atletas -ahí está el mismísimo Usain Bolt-, pero será difícil llegar a estar, no ya por encima, sino al mismo nivel de este auténtico superhombre. Recordemos, pues, lo que hemos visto de Michael Phelps, porque ya no lo volveremos a ver más. ¿Cuándo volveremos a ver una cosa parecida? Puede que nunca.

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