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1 de septiembre de 2020 1/09/20

Opinión

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Los emergentes


  • 27 de junio
    de 2010
  • Luis Villarejo

Luis Suárez y Park Chu Young son dos de los futbolistas emergentes del Mundial. Uno juega en el Ajax, el otro en el Mónaco. Dos clubes, del segundo escalón europeo, de esos que deben recorrer el mundo y hacer números para comprar barato y vender caro a cualquier nuevo rico que se asome al escaparate.

El fútbol asiático nos deja al jugarse ya los octavos de final un buen surtido de jugadas de laboratorio. En especial, las acciones a balón parado. Si Japón nos ha presentado en sociedad a Keisuke Honda, lanzador certero del CSKA de Moscú, en Corea del Sur nos hemos encontrado con el talento de un nuevo Park, que ayer dejó su tarjeta de visita ante Uruguay con un lanzamiento al palo en un libre directo y una pinta extraordinaria.

Los asiáticos lo bordan en estrategia. Me contó el maestro Xabier Azkargorta, con experiencia interesante en Yokohama Marinos en su día, que el japonés sería feliz con un ‘walkie’ que escuchara desde el banquillo las órdenes del entrenador. “Ahora a la izquierda, ahora a la derecha”. Su gran problema, era elegir la mejor jugada. La determinación.

Parece que van progresando. Y es precisamente en los golpes francos, el escenario del trabajo mecánico, donde su eficacia resulta demoledora por lo visto hasta ahora.

El nuevo Park, que podría ser Park II, para no confundir con otra estrella como Ji Sung Park, el gran futbolista del Manchester United, se fue del Mundial con un gran cartel. El y Honda se han convertido en la nueva ola del fútbol asiático. El Park del United, hoy por ejemplo portada de la web del club de Old Trafford, en su momento, tuvo una idea brillante. Ponerse en la camiseta un nombre cortito. El United hizo que fuera más fácil pronunciar su nombre. Y acertó. Ahora, ha añadido J.S., las iniciales, pero Park entró en el mundo europeo del marketing mucho mejor. Nada de nombres largos.

El otro gran futbolista del primer tercio del Mundial es Luis Suárez. Arropado por el gran Diego Forlán, a Luis Suárez se le caen los goles en el Ajax, donde con 23 años ya es el capitán. El Ajax no lo fichó de saldo. Ni mucho menos. Arriesgó, se lo quitó al Groningen por 7 millones de euros en medio de una gran polémica de la afición, que no entendió nunca lo que ellos entendían como traición.

El Ajax es una escuela de goleadores. Luis Suárez ha perdido peso. En Groningen andaba con algún kilo de más. Ha encontrado su sitio. Ha escuchado a Van Basten, a Bergkamp, a los grandes que han vestido la camiseta del club donde se crió Johan Cruyff. Su gran ídolo fue Batistuta, y ahora disfruta de la suerte de contar a su lado con Forlán, un delantero que ayer le puso una diagonal imposible para que marcara uno de los goles más importantes de su vida.

En España, de momento no hay ninguna sorpresa. Son todos contrastados ya antes de viajar a Sudáfrica. Del Bosque es muy inteligente. Y sabe lo que tiene entre manos. Nunca da puntada sin hilo. Si ha movido piezas, será por algo. Ha preparado el Mundial con mimo, con todos los escenarios posibles. Estamos en la hora de la verdad. En la de ganar. Cuando salta España al campo, con ese chándal de himno rojo tan espectacular, que como los grandes de verdad, sólo usa para posar mientras suena nuestro himno, Sergio Ramos es quien más motiva. Antes de jugar ante Chile, arengaba a la tropa con una frase repleta de sentido común, pero que hay que tener frialdad para soltarla en ese momento previo de tanta tensión. “Cuesta mucho trabajo llegar hasta aquí, vamos, vamos”. Sin duda, que no es fácil saltar tantas vallas. Por eso, Sergio Ramos pedía un esfuerzo extra a todos, porque la calidad está en el ADN del equipazo que ha formado Vicente del Bosque.

Esta selección, con las incorporaciones que ha hecho Del Bosque de Piqué, Busquets, Mata, Navas y Pedro, más la titularidad indiscutible que ahora sí tiene Xabi Alonso, deben poner a España en el trampolín de los cuartos de final, con permiso de Portugal.

Ante Chile, el centro del campo, habitual en el FC Barcelona hizo un esfuerzo descomunal. Xavi hizo 11,6 kilómetros, Iniesta 10,8; y Busquets 10,2 según los datos que ofrece FIFA.

Para ganar un Mundial es preciso ofrecer talento. El talento es lo que separa a los grandes de los extraordinarios. Pero sin fuelle, sin agresividad, nunca habrá un campeón del mundo. Un Mundial es otra historia. En una Eurocopa nunca verás el asedio kamikaze de Chile, el poderío de Argentina, o el día feliz de Brasil. Ni tampoco la batidora de una selección asiática. Máxima concentración, cien por cien y un poco de suerte los son ingredientes no para ganar sino para aspirar a un Mundial.

Por cierto, se fue EEUU, una selección digna. De las pocas que salta al césped al escuchar su himno con las letras de su país, orgullosos los jugadores de lucirlas en su chándal. Esas tres letras –USA-, que siempre llenan de orgullo a sus compatriotas. En 1980, el recordado y admirado Herb Brooks, seleccionador norteamericano de hockey sobre hielo, se dirigió a sus chicos en la caseta para poner en valor la solidaridad del grupo y les dijo: “Que los números que lleváis atrás, nunca sean más importante que las letras de esa camiseta –USA-“. Lo colectivo siempre por encima del individuo. Estados Unidos ganó al gran favorito, la URSS, en plena guerra fría. Era 1980, en los Juegos de Lake Placid. El fútbol norteamericano progresa. Es un placer ver a Landon Donovan. Y más aún, observar cómo han vivido en todos los estados la pasión del fútbol. Obama puede estar orgulloso de su equipo.

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