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16 de julio de 2018 16/07/18

Fútbol

Los duros inicios de Thomas hasta llegar al Atlético de Madrid

El centrocampista ghanés pasó de jugar en un barrio muy conflictivo a viajar a España sin que su familia lo supiese para cumplir su sueño


12 de enero de 2018 - Sportyou

Thomas Partey hoy es uno de los jugadores más asentados en el Atlético de Madrid. El ghanés, como tantos otros futbolistas africanos, no tuvieron un viaje tan sencillo como podría ser el de un jugador nacido en Europa. Él mismo lo recuerda, en una entrevista a Marca.

El centrocampista del Atlético, cuyo padre también fue futbolista profesional en su país, recuerda que todo se aceleró un día, con él ya en el Tema Youth de la segunda división del país.

“Mi representante tenía a gente que trabajaba con jugadores negros. El campo de fútbol en el que jugábamos de pequeños estaba cerca de un hotel, en el que estaba alojado él. Un día estábamos jugando y, como todos nos conocíamos, él preguntó quién era ese jugador que decían que era bueno. Había otro mejor que yo, un delantero que era el que metía todos los goles, pero no quería venir a Europa porque quería jugar en otro equipo en Ghana. Así que me llegó mi turno y cuando me preguntaron qué quería hacer les dije que triunfar en el fútbol para poder ayudar a mi familia. Me preguntó quién era mi padre y fue a hablar con él para decirle que me iba a llevar a España para probar, aunque nunca me dijo en qué equipo iba a hacerlo”, recuerda.

Thomas se temía que le fueran a timar, o que todo acabara con un equipo o el propio representante pidiéndole mucho dinero. “No firmé nada, me fui con el agente y ellos me hicieron todos los papeles, pero yo no tenía absolutamente nada: sólo entrenaba, comía y dormía a lo largo del día. Hasta que llegó el día que tuve que viajar, sin saber cuándo, ni a qué hora ni nada. Me monté en un coche, me llevaron a la capital, me dieron el pasaporte y me dijeron: “Hoy vas a viajar”. Mi padre no estaba en casa, nadie en mi familia sabía nada de mí, ni que me iba ese día, porque si se lo contaba a alguien iba a haber muchos problemas. Entonces viajé y llegué a España seis o siete meses antes de que alguien se enterara de que estaba fuera de Ghana”, confiesa, siempre elogiando la ayuda que le prestó su padre al principio. “Al mes me enviaba dinero para que me comprara botas”, cuenta, e incluso llegó a vender parte de sus bienes para triunfar.

Para el hoy jugador del Atlético, llegar a este nivel es la culminación de muchos años de trabajo y fe. “He crecido en un barrio en el que ya me ha pasado eso: siempre había peleas, robos, muertos en las calles, ladrones, asuntos turbios… No era fácil, había que sufrir para poder conseguir algo. Todos los jóvenes jugábamos al fútbol en las calles, pero para sobrevivir en el día a día había que hacer algo sucio. Así que, después de todo lo que había visto, pocas cosas más graves podían pasarme. Todo esto te hacía más fuerte. Además, confío mucho en Dios, creo que con él todo llega y sigo pensando igual”, destaca.

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