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15 de octubre de 2019 15/10/19

Opinión

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Los días que cambiaron todo


  • 20 de septiembre
    de 2011
  • Juanen Gonzálvez

El actual estado del bienestar en el deporte español es algo para disfrutar y, a veces, para recordar. Mucho hemos cambiado desde que Seve Ballesteros abrió la senda del golf, Arantxa Sánchez Vicario el tenis y que Indurain consolidara el ciclismo, después de los grandes Perico, Ocaña o Bahamontes.

Hay quizá tres puntos de inflexión que han cambiado el deporte español y que han convertido el goteo de éxitos de los citados anteriormente en todo un chorreo de copas, campeonatos y medallas en multitud de deportes. El primero fue, sin duda, los Juegos Olímpicos de Barcelona. Las 22 medallas fueron sólo la simiente de una revolución estructural, de un cambio en el concepto del deporte profesional. España estuvo a la altura organizativa y deportiva y, aunando esfuerzos, consiguió cimentar su proyecto para el futuro.

Hubo que esperar varios años, y alguna decepción, para que llegara el siguiente hito: el Mundobasket de Japón. Aquel grupo de jugadores, cuyo núcleo acaba de lograr otro éxito descomunal en el Eurobasket, dio la receta del éxito para el resto de deportes y deportistas: sentirse parte de algo. Los altos del deporte español recibieron el cariño del resto de compañeros de otras disciplinas pero, sobre todo, exportaron su fórmula. Ya no había “seves”, ni “arantxas” ni “indurains”, sino que había deporte español por encima de todo.

A partir de ahí parece que todo se revolucionó. Nadal, Contador, Alonso, fútbol sala, … Con más o menos repercusión mediática los éxitos de unos eran los éxitos de los otros. El asturiano de Ferrari jaleó como todo un tifosi a los del fútbol en la Eurocopa. Éstos animaban a Nadal a través de Twitter en cada torneo. El manacorí y Gasol devolvían la visita en el Mundial de Sudáfrica… y así un largo etcétera. Ya no eran individuos que practicaban deporte, eran amigos que se congratulaban de los éxitos de este gran equipo.

Y luego llegó Mar del Plata. Ese fin de semana de noviembre de 2008 definitivamente aportó la competitividad que le faltaba al deporte español. Los tenistas de rojo se enfrentaban a una de las mejores aficiones del planeta, la albiceleste. Ellos jalean, rabian y muerden si es necesario por sus deportistas y España acudía, además, sin Nadal entre sus filas para enfrentarse a grandes tenistas como Nabaldián, Acasuso y Del Potro.

La verdad, un 5-0 a su favor no hubiera sido nada extraño. Pero no. Hubo FE, como reflejó este mismo diario, y Verdasco y López nos llevaron hasta la ensaladera. Fue como ese penalti de Cazorla en los cuartos de la Eurocopa contra Italia. El entonces jovencísimo asturiano estaba en un Villarreal con el que no había disputado ningún encuentro decisivo. Lo normal era que lo fallara, que los nervios le atenazaran. Pero tampoco, y ese día España ya había ganado.

Y con ellos, los grandes maestros de ceremonias: Pepu, Scariolo, Aíto, Luis, Del Bosque, Emilio Sánchez Vicario, Javier Lozano, Venancio López

A todos ellos y cada uno de ellos, y a los que no están nombrados pero también son parte de este logro, hay que agradecerles que sea el deporte español el que esté en racha y ya no sólo los deportistas.

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