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18 de octubre de 2019 18/10/19

Opinión

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Lo de Isco no se puede disimular


  • 13 de enero
    de 2019
  • Iñaki Cano

En el Real Madrid-Castilla de Santiago Solari hasta yo, creo, jugaría antes que Isco Alarcón. En Sevilla contra el Betis, el Madrid ganó con un gol de pícaro de un gran jugador como Ceballos, que no fue titular pero sí determinante y sustituyendo a Reguilón, que había dejado a Marcelo en el banquillo.

Santiago Solari, que había cambiado casi todo desde la alineación con el equipo titular y el sistema de juego, podrá decir que sus ideas y aciertos hicieron posible sacar los 3 puntos del Benito Villamarín y nadie podrá negárselo. Ahí están en el casillero del Madrid y nadie se acordará del sufrimiento ni de cómo se defendió el campeón del mundo ante el Betis. Al final, lo que contará es que el Real Madrid le ganó al Betis en su campo.

Lo que no podrá disimular el entrenador salvador de la crisis blanca, es que lo suyo con Isco, o viceversa, no es por gusto futbolístico y sí porque hay algo personal entre los dos. Con el triunfo en Sevilla, Solari saldrá respaldado de este enfrentamiento personal con Isco. Nadie puede creerse que para Santiago Solari todos los jugadores son iguales, aunque el malagueño haga muy poco por demostrar lo contrario cuando el entrenador le da minutos. La desgana es mutua: la del entrenador, en demostrar que es un asunto solamente deportivo y la del jugador, por enseñarle al mundo el error del entrenador, si es que es una equivocación. El jugador se está devaluando con su indolencia y el entrenador está colaborando con fuerza en la devaluación. Allá ellos y el Real Madrid.

Lo único cierto en esta ‘guerra’ es que los dos están dando la razón a los que hablamos de asunto personal. Solari en Sevilla apostó, ante las bajas, por los jóvenes del Castilla y le salió bien. Quizá el vestuario se le rebrinque, pero los tres puntos les calmará. Porque lo que también es cierto es que Santiago Solari hizo lo que el cuerpo le pedía y la valentía en la decisión hay que aplaudirla.

Otra cosa es si la afición del Madrid, acostumbrada a ver a su equipo mandar, se le pasará la imagen de su equipo atrincherado en su área con los puntos ganados, otra vez, en el último suspiro.

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