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7 de diciembre de 2019 7/12/19

Opinión

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Lealtad


  • 27 de noviembre
    de 2019
  • Ricardo Rosety

Vaya por delante, que ese sustantivo, lealtad, define todas las características que debe tener una amistad. Incluye la sinceridad, la coherencia, el respeto, la prudencia, la confianza, la fidelidad… Cualquier palabra entra en el concepto. La ha utilizado Luis Enrique para explicar en qué le falló Robert Moreno. Lo llamo “desleal”, algo que suena más que suficiente para justificar una pérdida de confianza que Luis Enrique no permite, ni quiere permitir. Él es el entrenador jefe de un grupo de técnicos que vuelve a dirigir, y no quiere esa “ambición desmedida” en su entorno más cercano. Un amigo me contestó con una imagen muy gráfica: El jefe te deja su despacho y, cuando vuelve, te pilla con los pies encima de la mesa, un puro en la boca, y creyéndote el rey del negocio.

En este desencuentro personal ya habló Rubiales a pecho casi descubierto. No desveló nada de la parte de Luis Enrique pero sí de la de Robert Moreno. Detalle feo para tomar parte de un desencuentro de amigos por más que uno de ellos vuelva a ser seleccionador. Ahora lo ha hecho el asturiano en su regreso, con una contundencia y una claridad meridiana. Sinceramente, pensé que iba a solventar el asunto con un reconocimiento mucho más tácito y sin entrar en profundidad, pero no le han faltado detalles para sentenciar a quien fue su amigo. Fue duro, muy duro, con Robert Moreno. Y hasta se puso en su lugar para entender su punto de vista y reconocer que “no seré el bueno, pero no soy el malo”. Su explicación no admite un matiz, pero solo falta la respuesta de Robert Moreno para conocer las dos partes. Puede ser algo que ya les pertenezca a ambos, porque el técnico catalán prefirió callar en el Metropolitano, y después nos encomendó a preguntarle a Luis Enrique. Y él, sí respondió. Su silencio ahora no le viene nada bien.

Sin embargo, pudo terminar mejor. Hasta el seleccionador lo reconoce en su regreso, y hasta admite su “culpa”. Pudo evitarlo Luis Rubiales, pero el presidente de la Federación aceleró un proyecto que podía llegar sin esta tormenta unos días más tarde. Queda la sensación de que Robert Moreno no le convencía para ir a la Eurocopa, postura respetable, pero ante una situación tan clara y tan pactada sobre un posible regreso de Luis Enrique pudo utilizar mucho más su mano izquierda. No hacía falta embarrar el terreno. No hacía falta “despedir” a un seleccionador para “fichar” a otro. Nadie discute el regreso del asturiano como la mejor noticia posible. La vuelta de Luis Enrique es tan celebrada que, sabiendo el problema abierto en el cuerpo técnico, se necesitaba habilitar una salida para el seleccionador que certificó el pase a la Eurocopa, no enseñar la puerta de la gatera. Y que fuera seleccionador, lo decidió el propio Rubiales. Eso también forma parte de la lealtad. Y de la elegancia.

Pd: Lo mejor de la entrevista no tuvo que ver con lo futbolístico o lo relacionado con su vuelta. Luis Enrique habló de la muerte de su hija de una manera encomiable. Esa actitud ante un momento tan cruel como perder a un hijo es para aplaudirle.

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