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Las sombras de la Fórmula 1

En los últimos años, la competición automovilística por excelencia, la Fórmula 1, se está tejiendo escándalo tras escándalo. Decisiones polémicas de los órganos federativos, con Max Mosley a la cabeza y Bernie Ecclestone como el ‘capo’ (nunca mejor dicho) que controla todo a su antojo, historias de espías que ni Hitchcock hubiera imaginado, orgías turbias […]


17 de septiembre de 2009 David Sánchez de Castro - Sportyou

En los últimos años, la competición automovilística por excelencia, la Fórmula 1, se está tejiendo escándalo tras escándalo. Decisiones polémicas de los órganos federativos, con Max Mosley a la cabeza y Bernie Ecclestone como el ‘capo’ (nunca mejor dicho) que controla todo a su antojo, historias de espías que ni Hitchcock hubiera imaginado, orgías turbias con esvásticas de por medio y accidentes que son pero no son, han convertido a este deporte en algo totalmente distinto a lo que era hace apenas una década.

Los espías llegan a la Fórmula 1: el ‘Stepneygate’

Año 2007. McLaren cuenta en sus filas con Fernando Alonso, reciente bicampeón, y Lewis Hamilton, la perla de la cantera de McLaren y protegido por Ron Dennis desde hace años. La relación entre el español y el británico ya daría por sí solo para un capítulo aparte, sino fuera por lo ocurrido entre Ferrari y los de Woking. Todo comenzó tras el Gran Premio de Mónaco de ese año. Los comisarios llaman a Nigel Stepney, jefe de mecánicos de Ferrari, porque han encontrado unos polvos blancos en el fondo de los depósitos de los dos monoplazas rojos, y restos de los mismos en sus ropas. Se sospecha de un intento de sabotaje, la policía investiga y descubren todo el pastel: Stepney le había estado pasando información a Mike Coughlan, jefe de diseño de McLaren, sobre ciertas piezas aerodinámicas de la ‘Scuderia’. Tanto el intento de sabotaje como esto lo había hecho por venganza hacia Ferrari y hacia Jean Todt, jefe del equipo, por no haberle ascendido cuando se marchó Ross Brawn.

La forma de descubrirlo fue más surrealista si cabe. Coughlan le pidió a su esposa que le fotocopiase los dossieres y se los mandase, por fax. Trudy Coughlan fue a una reprografía de al lado de su casa para hacerlo, con tan mala suerte que el dueño era un declarado aficionado de Ferrari. Cuando vio los papeles que le entregaban, corrió al teléfono para llamar a Maranello y contarles lo descubierto. Ante estas pruebas, Todt expulsó a Stepney y Dennis hizo lo propio con Coughlan. Ambos mecánicos y McLaren fueron denunciados por Ferrari y llevados a los tribunales.

Paralelamente a la acción policial, la FIA comenzó sus pesquisas, y en primera instancia salvó a la escudería británica porque no habían encontrado pruebas de que hubiese utilizado los documentos en cuestión. Sin embargo, las presiones desde Italia fueron tales, que Mosley acepta que se recurra al Tribunal de Apelación, dado que había conseguido datos nuevos: los españoles Pedro de la Rosa y Fernando Alonso se habían estado intercambiando mails con los datos de Ferrari, demostrando así que en McLaren sí tenían conocimiento de los datos de Ferrari. Tras pactar la inmunidad para los pilotos, el juicio se zanja con la pérdida de puntos del campeonato de constructores para McLaren y una multa de 100 millones de dólares. Por si fuera poco, Hamilton y Alonso perdieron el título de pilotos en la última carrera frente a Raikkönen, y al comienzo del siguiente campeonato, Ron Dennis anunció que dejaba la dirección de McLaren en manos de Martin Whitmarsch.

Los vicios ocultos de Max Mosley

En marzo de 2008, el rotativo sensacionalista británico ‘News of the World’ saca a la luz un vídeo donde se ve al presidente de la Federación Internacional de Automovilismo Max Mosley en una orgía con prostitutas y con connotaciones nazis. El escándalo tuvo un impacto mayor, porque Mosley es hijo de sir Oswald Mosley, fundador de la Unión de Fascistas Británicos y amigo personal de las más altas personalidades del Tercer Reich. Tanto es así que, incluso, se cuenta que una tía de Max fue amante de Adolf Hitler.

El prestigio del presidente de la FIA cayó por los suelos, y muchos pidieron su dimisión inmediata. Mosley puso su cargo a disposición de la FIA, mediante una moción de confianza que salvó. Sin embargo, ese año no pudo ir a varios grandes premios (como el de Qatar o el de Mónaco) porque los organizadores le retiraron la invitación. El dirigente británico ganó la demanda contra el periódico que destapó el escándalo, y acusó a algunos estamentos de la Fórmula 1 (Bernie Ecclestone o el recien dimitido Ron Dennis) de querer hundirle su carrera.

La FIA y la FOTA: se rompe la Fórmula 1

El campeonato de 2009 pretendía haber sido el más revolucionario de los últimos años. La FIA pretendía devolver la emoción a un deporte que cada vez perdía más adeptos y que, en un contexto de crisis económica grave, dilapidaba millones cada fin de semana. Por eso, introdujeron numerosos cambios, tanto en el reglamento técnico (eliminación de la aerodinámica, introducción del sistema KERS) como económico (limitación de los presupuestos de cara a los siguientes campeonatos). Todo saltó por los aires en apenas tres carreras.

Ross Brawn, nuevo director de la antigua Honda, actual Brawn GP, consiguió hacer un monoplaza muy competitivo mediante una táctica, cuanto menos, cuestionable. Como cabeza del órgano que decidía qué piezas aerodinámicas eran válidas y cuales no, se ‘autoaprobó’ unos difusores dobles que, como se lleva viendo este año, daban una ventaja diferencial extraordinaria a sus dos pilotos.

El resto de equipos, que habían gastado una millonada en desarrollar el KERS sin éxitos, vieron cómo la FIA daba la razón a Brawn y tenían que doblar los esfuerzos, no sólo económicos, para adaptar sus coches a las novedades aerodinámicas si querían seguir la estela de Button y Barrichello. Sin embargo, la gota que colmó el vaso vino en relación a los presupuestos del 2010. Mosley, empeñado en reducir los costes al máximo, estableció el límite presupuestario en 45 millones de euros, y avisó a las escuderías que, o tomaban ese camino, o se largaban. Y a punto estuvieron de hacerlo. La Asociación de Equipos de Fórmula 1, la FOTA, estuvo a punto de montar un campeonato paralelo, que llegó a anunciar incluso y que se iba a llamar Grand Prix Championship. Del lado de la FIA sólo se quedaron Williams y Force India, lo que les costó la expulsión de la FOTA, además de varios equipos nuevos: los españoles Campos Meta, Lotus F1, Manor F1, USGP… Ante el peligro de la desaparición de la Fórmula 1 tal y como está concebida ahora (con los problemas de derechos de televisión y de imagen), Bernie Ecclestone intercedió y consiguió un acuerdo: el presupuesto para el año que viene será de 100 millones y se irá bajando progresivamente en los próximos años. Sin embargo, el acuerdo sólo llegó cuando Max Mosley pagó con su propia cabeza: no se presentará a la reelección de presidente de la FIA.

Nelsinho y Mosley consuman su venganza contra Briatore

Los malos resultados de Renault en 2008 se maquillaron gracias a las victorias de Fernando Alonso en Singapur y en Japón. La primera se logró con una cierta dosis de suerte, o eso pensábamos en aquel entonces. Nelsinho Piquet se estrelló, provocando que saliese el coche de seguridad justo delante del asturiano, que acababa de parar en boxes. Dado que el resto tuvo que parar a repostar, el de Renault se vio totalmente beneficiado y logró la primera victoria del año.

[FLASH http://www.youtube.com/watch?v=dZrCVbU6pWQ]

Pasa casi un año, y los pésimos resultados del piloto brasileño obligan a Flavio Briatore a expulsarle del equipo tras el GP de Hungría. Desde entonces, los Piquet, Nelson padre y Nelson hijo, comenzaron una constante campaña de acoso y derribo contra Renault en general y contra el dirigente italiano en particular. Además de acusarle de boicotear a Nelsinho constantemente, de ningunearle e, incluso, de amenazarle, hicieron público un hecho acaecido en aquella carrera de Singapur, la primera noctura en la historia de la Fórmula 1: el accidente fue pactado. En primera instancia, tanto Briatore como el jefe de ingenieros Pat Symonds lo negaron, e incluso Flavio, tras denunciarles ante los tribunales, envió una carta avisando a la familia Piquet de las consecuencias que podría traerles seguir con este juego.

La FIA comenzó a investigar y el propio Symonds admitió que la reunión para fingir el accidente en Singapur había existido, pero que la idea partió de Piquet y no de ellos. Aquí es donde Mosley vio una oportunidad para vengarse de Briatore, uno de los más beligerantes en el asunto FIA-FOTA que le ha costado el cargo, y amenazó con expulsar a Renault de la Fórmula 1 para siempre si se demostraba que habían hecho trampa. El magnate italiano y el ingeniero inglés, tras ver el cariz que estaba tomando la situación, decidieron dimitir de sus cargos para salvar el futuro (todavía incierto) de la escudería del rombo. En cualquier caso, la próxima semana se sabrá si realmente Renault es culpable o no.

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