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25 de enero de 2020 25/01/20

Opinión

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Las lágrimas que provoca el esfuerzo


  • 28 de octubre
    de 2011
  • Ignacio Miguélez

Esta jornada entre semana de la Liga BBVA nos ha dejado la imagen de Álvaro Vázquez, jugador del Espanyol, llorando tras ser cambiado por Pandiani. Una imagen que quizás nos produzca lástima, pero no nos engañemos: esos lloros fueron por rabia; una rabia producida por la mala suerte que está acompañando al delantero. Álvaro está en plena escasez goleadora y eso, como es normal en un futbolistas de sus características, le agobia, aunque él siempre ha sabido huir de las críticas aferrándose a un lema: “cuando entre uno, vendrán los demás”. El problema está siendo que ese ‘uno’ no llega. Desde luego nada tiene que ver la calidad o la clase, algo de lo que sí puede presumir el jugador catalán. Álvaro no descansó ni un solo segundo durante el partido del Betis: estuvo corriendo, abriendo huecos, desmarcándose y volviendo locos a los defensas verdiblancos, pero la mala suerte se quedó para acompañarle, hasta la sustitución. Cuando no era el palo, era el gran acierto del portero… A veces los nervios se apoderaban de él y sí, también fallaba en los disparos.

Lo que está claro es que los minutos que disputa el delantero, ahora mismo, se le ve con mucha ansia de marcar y casi sin quererlo nos muestra todo su repertorio de calidad y buen juego, algo que algunos no aprecian si no va acompañado de goles. Pero esos goles llegarán, y cuando sumemos goles más calidad, nos encontraremos con un goleador en racha que seguro intentará dar muchas noches de gloria a la afición del Espanyol. Llorar es bueno y también es una señal para el equipo, afición y entrenador. Una señal que se traduce en que es capaz de mucho más, pero la suerte está jugándole una mala pasada.

Quien también dejo una imagen interesante en esta jornada de la Liga BBVA al ser cambiando fue José Antonio Reyes. El utrerano le dio el relevo a Salvio en el minuto 57, algo molestó, y mucho, al extremo rojiblanco. Y es que Reyes ya no aguanta más los cambios sin explicación del entrenador, un Gregorio Manzano que sigue alimentándose del pasado (por cierto, sin motivo) y que tiene que darse cuenta que no está haciéndole bien al Atlético de Madrid. El club está a tres puntos del descenso. No hace falta decir más.

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