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11 de diciembre de 2018 11/12/18

Opinión

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Lágrimas de 24 quilates


  • 14 de enero
    de 2014
  • Andy Stalman

El deporte conmueve, sorprende y emociona, todo lo que a la mayoría de marcas le gustaría lograr. En la Gala de entrega del Balón de Oro la humanización de uno de los íconos del fútbol del siglo XXI emocionó a toda la audiencia. La sensibilidad del elegido mejor jugador del año pasado ha tenido una repercusión positiva sobre su marca.

La escuela de marketing IPAM (Portugal) publicó recientemente un estudio sobre el precio del jugador del Real Madrid como marca. Mediante una fórmula científica, su valor de marca es de 43 millones de euros anuales. El estudio, además indica que, habiendo ganado el Balón de Oro, su valor llegaría a los 50 millones de euros.

La influencia cada vez mayor de las celebridades del deporte sigue alentando a las grandes corporaciones a invertir en el fútbol en general y en sus figuras en particular. Las marcas, a través de su presencia en el deporte, se benefician de una ventaja clave: prima lo emocional por encima de lo racional
Desde la irrupción de las nuevas tecnologías, las marcas, como Cristiano Ronaldo, que han sabido integrar eficientemente el mundo online al offline se han beneficiado de manera notable. A sus casi 24 millones de followers en Twitter y los 70 millones de seguidores en Facebook se le suma una capacidad impresionante de fortalecer un marketing de proyección global. Su notoriedad es cada vez mayor y su asociación al Real Madrid y a Nike la potencian.

La paradoja es que uno de los mayores iconos de Nike, CR7, juega en el Real Madrid, que es Adidas; y el mayor icono de Adidas, Messi, juega en el Barça, que es Nike. En los últimos 6 años los Balones de Oro han sido para ellos dos. Ambos, cracks que marcan una época. Ambas marcas cada vez más poetentes y valiosas. Messi lo de “no hay nada peor para una marca que la irrelevancia” se lo toma muy en serio. ¡Qué traje, Leo!

El mundo ha cambiado. El marketing, la forma de comunicar, de interactuar y de construir una marca también lo están haciendo. Detrás de todo gran deporte, de toda gran selección, de todo gran equipo y de todo gran deportista, hay además de esfuerzo, sacrificio y pasión, una gran marca.

Hay cosas que no cambiarán, las lagrimas se entienden en todo el mundo. Todos lloramos en el mismo idioma. Sobre las emociones aún queda mucho por escribir.

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