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29 de septiembre de 2022 29/09/22

Opinión

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La vida en 30 minutos


  • 09 de septiembre
    de 2022
  • Ricardo Rosety

30 minutos dan para mucho. En ese tiempo se pueden resolver muchos problemas. Y eso es lo que hizo Antoine Griezmann en el primer partido del Atlético de Madrid en la fase de grupos de la Champions League. Un acuerdo diseñado por la ingeniería financiera del FC Barcelona y del Atlético de Madrid permitió al francés volver al Metropolitano, con una cláusula de minutos que obliga al club colchonero a comprar al futbolista por 40 millones de euros, si juega al menos 45 minutos en el 50% de los partidos en los que estuviera disponible. Ese detalle, aireado y reconocido, ya forma parte de la rutina del futbolista, acostumbrado a entrar cuando el reloj marca el minuto 60. Frente al Porto fueron 41 minutos los que hay que sumar a su curriculum, pero insuficientes para contabilizarlo como partido en el contrato de cesión. Diego Pablo Simeone se cuida hasta con los minutos de tiempo añadido.

Por ahora, el gran perjudicado de ese acuerdo es Griezmann. Limitado por sus minutos, insuficiente para su calidad y muy injusta para la disputa de un puesto con Simeone. “Soy un hombre de club”, dijo el técnico el otro día rendido ante la imposibilidad de afrontar el traspaso obligatorio a final de temporada. La resignación se le ve en la cara al mismo nivel que su deseo de contar con el futbolista. El técnico quiere al francés, y el jugador le devuelve ese cariño sin muecas y con goles. No es nada fácil asumir una situación como esa, y esta por comprobar que una estrella como la francesa, a dos meses de la Copa del Mundo, Catar 2022, le permitiera a cualquier otro técnico una situación así.

Y, mientras tanto, en Barcelona… nadie vislumbra ese futuro regreso de Griezmann. Una operación multimillonario que no entra en los cálculos de Joan Laporta tras activar cuatro palancas e hipotecar el futuro inmediato del club por una plantilla de lujo. Ya no sólo es lo económico, sino también el encaje deportivo. Con Lewandowski, Raphinha y Dembélé no parece que haya sitio para mucho más, y aún están Ansu Fati, Ferran Torres o Memphis. A esa situación, hay que sumar los 40 millones que no pagará el Atlético por una traspaso que no se producirá en esos términos.

Ni el Atlético quiere pagar, ni el Barcelona ver regresar al jugador. En Miguel Ángel Gil y en Mateu Alemany está la opción de encontrar un punto de encuentro para romper esta surrealista situación. “No está en mis manos. Quiero más”, le dijo a Ricardo Sierra en Movistar Liga de Campeones en pleno festejo por el triunfo ante el Porto. Sólo le faltó apelar al más común de los sentidos para solventar un problema que sólo perjudica a las partes. Que el Atlético demuestre cuánto quiere a Griezmann y que el Barça asuma un acuerdo que es mejor que verse con el futbolista de vuelta en la plantilla. Están condenados a entenderse. Y que dejen a Griezmann y al Cholo decidir cuántos minutos debe jugar, que son los más interesados en romper con esa frontera. La vida, y el fútbol, es algo más que media hora larga en un cronómetro.

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